Boca y su gran obsesión: los jugadores surgidos de la cantera de Vélez
Desde que un jugador llega a la Primera División de cualquier equipo, el anhelo suele ser el mismo: jugar en River o en Boca. Quizás así podría comenzar a explicarse una especie de fenómeno que se viene dando hace ya largos años y que involucra al Xeneize y a uno de los clubes con mayor crecimiento en las últimas décadas: Vélez Sarsfield.
Un par de años antes, en 2008, Lucas Castromán, baluarte en el Vélez campeón 2005 de Miguel Ángel Russo, llegó desde México a Boca, pero tampoco colmó las expectativas.
Seguramente muchos se acordarán de Fernando "Rifle" Pandolfi, jugador que se retiró joven para dedicarse a la música. Surgido en Liniers y multicampeón en su casa, estuvo una temporada en el Xeneize (2000-2001) y si bien no deslumbró, formó parte del plantel campeón de la Copa Libertadores 2001 y la Copa Intercontinental 2000.
Dos de los "pioneros", en 1996, en esto de ponerse la camiseta de Boca habiendo surgido en el Fortín fueron Roberto Pompei, campeón del mundo con Vélez en 1994, y el arquero Sandro Guzmán, eterno suplente de José Luis Chilavert en el Fortín que fue a probar suerte con la azul y oro, algo que tampoco pudo lograr y se terminó volcando a su carrera como músico.
Pero a la hora de hablar de arqueros, el caso más emblemático es sin dudas el de Carlos Fernando Navarro Montoya, que pese a que muchos no lo recuerden, empezó su carrera en Vélez en 1983, donde disputó más de 60 encuentros. En 1988 llegó a Boca y se convirtió en un verdadero ídolo, adueñándose del siempre difícil arco xeneize, el que ocupó durante ocho años en los que disputó 323 encuentros.
De esta forma, y con nombres fuertes como Carlos Bianchi también en el medio de los dos clubes (es ídolo en ambos), Boca vuelve a volcarse hacia jugadores con orígenes fortineros, una fórmula que, pese a que en los números no parece darle resultados, viene repitiendo sistemáticamente hace 20 años.
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