Los diez momentos más emotivos de los Juegos en Londres 2012

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Los Juegos Olímpicos llegaron a su fin, pero estos 10 hitos en los que se cristalizan la gloria y la superación personal ayudan a recordarlos.

Una nueva edición de los Juegos Olímpicos llegó a su fin. Pero vale la pena recordar los 10 momentos más emotivos cuando los grandes deportistas llegaron a la gloria en Londres 2012.

Sebastián Crismanich. El taekwondista argentino fue a Londres a buscar una medalla, pero nadie lo tenía en cuenta. A pura patadas se subió a lo más alto del podio y logró una hazaña al conseguir la primera medalla de oro en individuales luego de 64 años. "Lo que más me emocionó fue ver tan alto la bandera argentina", dijo el correntino. Lloró tanto, que emocionó a la Argetina.

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Usain Bolt. Esta vez no fue tan fácil como antes. Pero triunfó al fin. Corrió los 100 metros 9,63 segundos y se llevó la medalla de oro. También fue parte de la posta jamaiquina, la mejor del mundo, 4x400. Si bien Bolt fue el encargado de cruzar la meta, fue su compañero Blake, quien lo dejó de cara a la gloria. Especuló con un posible retiro...¿será porque lo persigue Blake?

Michael Phelps. La leyenda de los Juegos Olímpicos se retiró a lo grande. Fue a Londres para ser el mejor de la historia, y lo logró. Ganó seis medallas (cuatro oros y dos platas) en siete pruebas, sumó 22 (18 de oro) en su historial olímpico. Inigualable.

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Óscar Pistorius.
A los once meses de vida, le amputaron las piernas porque nació sin sus peronés. Con un par de prótesis fue el mejor atleta de los Juegos Paralímpicos, pero él quería más: peleó con la federación internacional, que decía que sus prótesis eran una ventaja, para que le dieran la posibilidad de competir en Beijing y quedó fuera porque no logró la marca mínima. Para Londres, lo consiguió. Y fue parte del equipo sudafricano que llegó a la semifinal. Aunque él ya merece una medalla.

Kristin Armstrong. En 2010, la ciclista estadounidense dio a luz a un niño cuyo nacimiento también significó su retiro del mundo de los pedales. Sus pasitos se sintieron en la villa olímpica tiempo después, cuando esta madre coraje ganó la prueba contrarreloj luego de más de dos años de ausencia. En el festejo estuvo el pequeño Lucas, a quien Kristin cargó mientras recibía la medalla olímpica.

Liu Xiang. El campeón de los 110 metros con vallas de Atenas 2004 había fallado en Beijing por una lesión. Quería reivindicarse en Londres pero encontró una piedra enorme en su camino. En el primer salto se tropezó con una valla y quedó lesionado de la pierna derecha. Iba camino a la enfermería cuando se dio cuenta que no podía terminar de esa forma, así que regresó a la pista y, saltando en un pie, pasó al lado de los obstáculos antes de besar el último y cruzar la meta, donde fue recibido por sus contrincantes como lo que es: un campeón.

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Gabrielle Douglas. El mito de que la gimnasia olímpica es un deporte de gente rubia y de ojos azules se desvaneció ante la pequeña atleta estadounidense. Con su 1,50 de estatura se convirtió en la primera afrodescendiente en ganar la gimnasia olímpica y lo hizo con honores: no solo es medalla de oro individual, sino también por equipos. Hizo un puntaje de 62.232 y recibió casi entre lágrimas su medalla. Tiene solo 16 años. Y es la más grande de todas.

Félix Sánchez. Una mañana de Beijing 2008, el deportista se enteró de que su abuela había muerto. Corrió muy mal los 400 metros con vallas y no pudo revalidar el título que había obtenido el 2004. En Londres, este puertorriqueño criado en el Bronx se despertó junto a la foto de su abuela que había abrazado toda la noche mientras repetía la promesa de llegar primero. Lo cumplió y lloró.

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Taoufik Makhloufi. El argelino tenía una revancha con los 1.500 metros. Había fallado en el mundial de Daegu. Su obsesión lo llevó a abandonar los 800 metros de Londres porque si llegaba a la semifinal habría tenido solo 75 minutos para recuperarse y correr su competencia favorita. Los jueces lo declararon culpable de tener poco espíritu olímpico y lo expulsaron. Adujo una lesión y lo readmitieron, aunque todos lo veían con cara de sospechoso. Él fue culpable de correr los 1.500 como si huyera de la Policía.

Meseret Defar. No iba como favorita, pero la fe es grande. La deportista se persignó antes de partir como una gacela en los 5.000 metros y arrancó a correr como si la vida se le fuera en ello. Llegó primera, venció a su compatriota y rival de siempre Tirunesh Dibaba, y puso la mano en su pecho para sacar un papel. No era ningún mensaje, solo una estampita de la virgen a la cual rezó para agradecer los favores concedidos. Y se lo mostró al mundo.

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