Finalizó la cita olímpica y es tiempo de repasos. El mundo disfrutó una competencia que tuvo puntos muy altos desde lo deportivo y lo organizativo.
Los Juegos Olímpicos de Londres que se cerraron este domingo han sido un éxito a nivel deportivo y, a pesar de los temores iniciales, también organizativo, por lo que Rio-2016, que recibe ahora el testigo, debería utilizarlos como inspiración.
"Los Juegos de Londres han sido fabulosos, extraordinarios", comentó el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, sin aventurarse a comparar con ediciones anteriores. Sus palabras coinciden con la opinión mayoritaria sobre unos Juegos en los que, salvo la polémica de los primeros días sobre el gran número de asientos vacíos en los estadios, han transcurrido sin mayores problemas.
El tan temido caos de los transportes, en cuya mejoría el gobierno había invertido 6.500 millones de libras (10.200 millones de dólares, 8.300 millones de euros) no se materializó. Londinenses y visitantes tuvieron que hacer frente a una red sobrecargada y a interrupciones puntuales, pero éstas fueron siempre de corta duración. Tampoco en materia de seguridad se concretó el desastre anunciado después de que días antes de los Juegos hubiera que movilizar de urgencia a 4.700 soldados suplementarios debido a la incapacidad de una empresa de seguridad privada subcontratada de facilitar todo el personal que había prometido.
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El gobierno había previsto el mayor dispositivo de seguridad desde la Segunda Guerra Mundial, con unos 40.000 efectivos, para prevenir cualquier eventualidad en esta ciudad que ya sufrió en 2005 el azote del terrorismo islámico y que hace un año enfrentó varios días de disturbios civiles.
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Pero la capital británica no pareció nunca un búnker, y en varios controles de seguridad, los militares de los primeros días -más sonrientes que amenazadores- fueron sustituidos por guardias de seguridad privados. El premio a la simpatía, sin embargo, se la llevaron los 70.000 voluntarios movilizados para todo tipo de tareas. Ni siquiera la lluvia, omnipresente durante los tres meses previos a los Juegos, enturbió el espectáculo.
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Los británicos, que en los meses previos habían expresado frustración por la complejidad del proceso de venta de entradas que el COI ya ha prometido reexaminar, respondieron presente. El gran número de asientos vacíos en los estadios en los primeros días de competición, debido según los organizadores a la ausencia de miembros "acreditados" de la familia olímpica, se colmó rápidamente. Y el buen ambiente no sólo reinó en las sedes de competición, sino también en el parque olímpico y en las calles cuando había competiciones como el ciclismo, el triatlón, la marcha o el maratón.
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