Mundial de Rugby 2015: los riesgos de ser el más parejo

Deportes

En su octava edición, el tercer evento deportivo más importante del mundo, presentará un cuadro propenso al quiebre de la lógica deportiva que beneficia al más fuerte. La apuesta organizativa que pregonó la nivelación de seleccionados menores, puede tener su punto en contra a la hora de evaluar el negocio.

Desde que Will Carling (capitán de Inglaterra) tomó el micrófono en la ceremonia final de premiación en 1991 y pidió a los dirigentes que no se llenaran más los bolsillos a expensas de los jugadores, todo cambió. Pero el proceso de mutación nunca llegó a mostrar –en la previa- un panorama como el que se vislumbra para la edición 2015 del Mundial de Rugby.

Desde la apertura global al profesionalismo en 1995, la IRB (actual World Rugby) apostó fuerte a la inclusión/expansión del deporte de la ovalada en todo el planeta. Nivelando el rendimiento de mayor cantidad de países, convertiría a la Copa del Mundo en un evento atractivo y más parejo. Vale recordar que en 1995, un jugador de Costa de Marfil sufrió una grave lesión por un golpe en la despareja y abultada derrota por 89 a 0 ante Escocia.

Desde 1995, la IRB apostó fuerte a la expansión del rugby en todo el planeta

El proceso de nivelación no fue automático. Tardó años. En 2003 el plan parecía quedar en el olvido: Australia apabulló a Nambia (142-0) y Rumania (90-8). Sin embargo, la primera alerta llegó en 2007. Georgia, a fuerza de empuje, casi le roba el triunfo a Irlanda (10-14) y Argentina sorprendió a Francia –el local- con dos triunfos durante el torneo que lo llevaron al histórico tercer puesto.

Los Pumas ya contaban con un plantel ampliamente profesional –con varios amateurs en sus filas- producto del éxodo provocado tras la buena actuación en el Mundial de Gales ´99. Así, con más de ocho temporadas en el rugby europeo, el equipo pudo pelear de igual a igual con las potencias y, desde allí, darle paso al nacimiento del Pladar (acompañado por un fuerte apoyo de la IRB).

La apertura de fronteras en el rugby profesional y el ingreso de dinero, provocaron que la gran mayoría de los planteles de la Copa del Mundo de Inglaterra cuenten con jugadores que cobran por jugar; dedicados al cien por cien a su actividad, preparados acordemente a la intensidad que propone un partido en la actualidad. Rumanos, georgianos, namibios, japoneses y de diferentes nacionalidades, desplegados por las mejores ligas del planeta. De esta forma, sus seleccionados progresaron a la hora de enfrentar este tipo de competencias.

La gran mayoría de los planteles de la Copa del Mundo de Inglaterra cuenten con jugadores que cobran por jugar

Sin embargo, aquella idea dirigencial de fomentar el emparejamiento para lograr partidos más atractivos (antes se decía que el Mundial comenzaba recién en la segunda fase) es un arma de doble filo para el negocio. Si bien la lógica no suele fallar en este deporte, el abanico de posibilidades que abre el sorteo de grupos para esta edición es único. Inglaterra, local y siempre candidato, puede llegar a quedar afuera en primera fase. Australia y Gales comparten su grupo. Uno de los tres dirá "chau" en primera instancia.

En el grupo B, Sudáfrica es candidatazo, pero no es tan clara la clasificación de Escocia: debe vencer al siempre duro –pero poco ordenado- Samoa. En el C, Nueva Zelanda saca diferencias, pero Los Pumas pueden dar el batacazo. Claro, también pueden tener complicaciones a la hora de enfrentar a Tonga y Georgia. Y en el D, Francia –por peso propio- e Irlanda –bicampeón del 6 Naciones- sacan ventajas, pero Italia los conoce y, con un buen juego, puede eliminar a alguno de los dos.

El formato de torneo y el emparejamiento de fuerzas hacen que, por primera vez, el Mundial de Rugby corra el riesgo de no ir por el lado de la lógica y lo planificado. La diversión asegurada para las tres potencias del Sur y las cinco del Norte ya no está garantizada. El negocio -¿qué pasa si los miles de fans ingleses ven a su equipo caer en fase inicial?- de ampliar bases y sumar nuevos mercados se puede transformar en un tiro por la culata para los más tradicionalistas.

Dejá tu comentario