El Millonario vivió un 2014 a puro festejo. Desde el Torneo Final, de la mano de Ramón, hasta la Copa Sudamericana, bajo la tutela de Marcelo Gallardo, que se convirtió en el primero en ganar un título internacional como jugador y entrenador en la historia del club.
River se fue a la B. Tuvo varias temporadas nefastas y un pésimo manejo dirigencial. Pero volvió. Resurgió. Y cuando el equipo que comandaba Matias Almeyda consiguió el ascenso y el retorno a Primera, se venía un nuevo River. El conjunto de Núñez ya había dejado el descenso atrás y encaraba el 2014 con un presidente nuevo: Rodolfo D´Onofrio, que le ganaba a Passarella con casi el 56% de los votos.
River encaraba el Torneo Final 2014 después de hacer un flojo Inicial 2013, donde San Lorenzo terminó coronándose en la cancha de Vélez, su más cercano perseguidor. En ese torneo, el Millonario sumó tan solo 21 puntos y terminó en la decimoséptima ubicación de la tabla de posiciones. Ramón Díaz, que había declarado que él iba a volver a llevar al club a lo más alto, debía recomponer las cosas.
El Riojano armó un equipo que salía de memoria: desde la solidez de Barovero, la fortaleza de Maidana y la contundencia y la calidad de Teófilo Gutiérrez, uno de los preferidos del entrenador. A fuerza de 12 triunfos, 4 empates y 4 derrotas, el Millonario volvía a coronarse campeón del fútbol argentino, después de un holgada victoria ante Quilmes por 5 a 0 en el Monumental, que lo clasificó a la Copa Sudamericana.
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Cuando se pensaba que Ramón iba a quedarse para volver a disputar un certamen internacional, decidió pegar el portazo e irse del club, enojado con los dirigentes que no querían traerle los refuerzos de calidad que él pedía. D´Onofrio se vio en su primer gran problema: debía elegir un DT que pudiera continuar con la senda ganadora. Su elección terminó siendo la mejor. Llamó a Marcelo Gallardo, que venia de ser campeón con Nacional de Uruguay, y quiere los colores como un hincha más.
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Apenas el Muñeco arribó a Núñez, comenzó a pensar el equipo que le gustaba. Incluyó a Funes Mori de central, le dio la titularidad al juvenil Kraneviter (que luego se fracturó y tuvo que ser reemplazado por Ponzio) y pidió la contratación de Loenardo Piscuiichi, uno de los jugadores más queridos por la gente. La espina que le quedó fue Lucas Pratto. Gallardo deseaba en su esquema al ahora jugador del Atlético Mineiro pero Vélez no quiso cederlo sino era por una montaña de dólares.
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El ex jugador del Mónaco se las arregló con los jugadores que tenía y se propuso desde un principio pelear los dos frentes, tanto el Torneo Transición como la Copa Sudamericana. Luchó ambos torneos hasta llegar a un momento cúlmine: debía enfrentar a Boca por la Copa y a Racing, faltando dos fechas, por el campeonato local. El Muñeco decidió guardar los titulares frente a la Academia y poner todo ante su clásico rival.
River cayó con Racing y derrotó a Boca. Pasó a la final de la Sudamericana, donde le ganó a Atlético Nacional de Medellín. Volvió a levantar una copa internacional después de 17 años. Gallardo se convirtió en el único jugador en la historia del club en ganar un certamen continental como jugador y como entrenador.
Pero dejó el torneo local. Racing hizo los deberes, le ganó a Godoy Cruz en la última fecha y se quedó con el campeonato. Es la parte negativa de un ciclo de Gallardo que sorprendió a muchos e ilusionó ampliamente a otros. River tiene entrenador para rato y desde el club ya avisaron que la idea es no vender a muchos jugadores y traer refuerzos de jerarquía.
Ocho enfrentamientos en el año se contabilizaron ante Boca, con torneos de verano en el medio. El clásico rival de siempre no pudo ganarle nunca a River y eso es algo para destacar. Los hinchas del Millonario se inflan el pecho y esperan que esta racha continúe un largo rato.
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