El dilema de Fernández, Carlos:  enfriar o no la economía

Economía

* La discusión domina la escena económica del país. El Gobierno se niega a desacelerar, pero eso es lo que recomiendan los economistas.

La economía argentina tiene como discusión principal en estos días aquella que dirime si es necesario o beneficioso “enfriar” la economía. Lo que no queda claro es si desacelerar el ritmo económico (tal el significado de enfriar) es la única solución para la inflación.

Rodrigo Álvarez, economista de Ecolatina, explicó a minutouno.com que el discurso del “no enfriamiento” es “un discurso político”. De acuerdo al especialista, la postura del gobierno es cerrada, y tiende a encasillar políticas económicas con variables ideológicas que no siempre se corresponden. “La postura de (el ex presidente Néstor) Kirchner es pensar que porque lo hizo Cavallo no hay que hacerlo”.

De acuerdo con el economista hubo en el último tiempo “un fuerte deterioro de las expectativas. La inflación hace que el consumo se desacelere, y la inversión también, por lo que el efecto es el mismo, la economía se va a terminar desacelerando”.

Álvarez opina que “la imagen general de la Argentina es buena, por lo que no puede compararse a la de los años ’90. Por eso, no es necesario enfriar la economía explícitamente, sino mejorar la composición de la demanda”.

El economista Miguel Kigel afirmó en declaraciones a Radio 10 que el motivo por el que aumenta la inflación es que “mientras que la demanda aumenta a un nivel de 8%, la oferta crece solo a un 4%. Eso genera inflación”. Para el especialista es necesario “equilibrar la oferta con la demanda” y “bajar el gasto público para que crezca en línea con la economía, esto es, que aumente a un 25% anual, y no a un 50%”.

Esto no significa enfriar definitivamente la economía, sino intentar mantener “un crecimiento un poquito menor al potencial, para mantener una inflación de un 20% que no es lo ideal pero se puede vivir”.

Claudio Lozano, diputado nacional y miembro de la comisión de Economía y Análisis, concedió que “el planteo de no comprar una receta ortodoxa se puede suscribir”, pero consideró “inaceptable” que la alternativa del gobierno sea “negar la evidencia de la inflación”.


 


No controlar la inflación también puede enfriar la economía. De hecho, desde 2007 hay un deterioro del poder adquisitivo y un aumento de la inflación marcados” ilustra Lozano. Y como alternativas describe “trabajar en la demanda, hay que castigar el consumo superior y favorecer el de los sectores menos pudientes” y por otro lado, “que el Estado asuma un rol principal en el manejo de las inversiones en el país”.

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