Aseguran que bajar los impuestos a los más ricos no genera más trabajo ni atrae inversiones sino que aumenta la desigualdad

Economía

Se trata de un análisis de las reformas fiscales en 18 países en los últimos 50 años que demostró que recortarle los impuestos al 1% más rico aumenta su ganancia pero no genera crecimiento económico.

El economista alemán, Sebastian Gechert, del Instituto de Política Macroeconómica de Düsseldorf, y su par del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena, Philipp Heimberger, analizaron 441 estimaciones incluidas en 42 estudios sobre los efectos de las rebajas fiscales y concluyeron que esta modificaciones “no tienen efectos económicamente relevantes o estadísticamente significativos en el crecimiento económico”.

Los economistas trataron de demostrar que la teoría que sostiene que bajar los impuestos a los sectores productivos más ricos de las sociedad no tiene un impacto positivo en la economía de un país ni atrae inversiones y señalan que hay un “sesgo” en las doctrinas económicas para alentar a ese tipo de políticas, según publicó el medio español Info Libre.

Ellos se centraron en documentos publicados por economistas que son colaboradores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), club integrado por las naciones más ricas del planeta que en las últimas décadas redujeron distintos impuestos a los sectores más pudientes que van desde el 65,7% en 1981 hasta el 50,6% en 1990, para continuar bajando de forma más moderada hasta el 41,7% en 2010, según sus propios datos. En este contexto, otros dos investigadores de la London School of Economics, David Hope y Julian Limberg, calcularon que entre la década de los 60 y la de los 90, la tributación soportada por el 1% más rico en los países de la OCDE se desplomó más de un 30%. El paquete fiscal incluyen la Renta de las Personas Físicas (IRPF), el impuesto de sociedades, el de sucesiones y los impuestos sobre los dividendos, el patrimonio y el capital.

Hope y Limberg compararon datos de 18 países de la OCDE desde 1965 hasta 2015, y concluyeron que los favores fiscales al 1% más pudiente de la sociedad no hace crecer el PBI per cápita y tampoco reducen la tasa de desempleo, ni en el corto ni en el medio plazo. Pero sí tienen aumentan la desigualdad.

En España pertenecen a ese 1% de ultra ricos quienes poseen 1,1 millones de euros de patrimonio, al menos según el Wealth Report 2021 elaborado por la consultora inmobiliaria británica Knight Frank. Pocos, en realidad, comparado con los 6,46 millones necesarios para ingresar en esa categoría en Mónaco o los 4,19 millones de Suiza. En Estados Unidos hacen falta 3,6 millones y en Francia, 1,71 millones.

Ese selecto club poseía el 12,7% de la renta nacional en 2006, en plena etapa de euforia económica, cuando en 1981 sólo le correspondía el 7,6%. En 2012 bajó al 8,6%. Son datos proporcionados por la base de datos del Laboratorio Mundial sobre la Desigualdad, creado en la Paris School of Economics.

Por su parte, Piketty estudió los efectos de las grandes rebajas fiscales a las rentas más altas en otros países. En Estados Unidos, donde la renta del 1% más que se duplicó, del 9% en 1976 al 20% en 2011. En comparación, la renta de los más pobres sólo creció tres puntos porcentuales. Hay que recordar las dos reformas fiscales ejecutadas por los gobiernos de Ronald Reagan en 1982 y en 1986. Allí los tipos del IRPF para los más ricos superaron el 70% en los años 20 y el 60% hasta los años 80, y Donald Trump los dejó en el 37%.

Un efecto de intensidad similar tuvo también el recorte fiscal de Margaret Thatcher en 1979 en Reino Unido. En los mismos años Australia y Canadá siguieron su ejemplo. Como resultado, la renta del 1% más rico se duplicó en la isla continente y se disparó un 76% en el país norteamericano.

En España, los tipos máximos se situaban en el 65,51% (para quienes ingresaban más de 9,8 millones de pesetas, 58.889 euros) en 1978, tras la reforma que creó el IRPF tal y como lo conocemos. Hoy está en el 47%, tras subirlo este año el Gobierno desde el 45% en que llevaba desde 2002, a excepción del 52% en que lo elevó el ministro Montoro entre 2012 y 2014.

El IRPF sufrió sucesivas modificaciones en 1985, 1989 y 1990, hasta que en 1991 se redujo el tipo máximo del 56% al 53%. Una rebaja que duró poco: al año siguiente volvió al 56% debido a la crisis económica desencadenada tras los fastos de 1992. En 1998 bajó al 48% y en 2002 al 45%. La penúltima reforma fiscal se aprobó en 2014. Devolvió el tipo máximo del IRPF al 45% y bajó el de sociedades del 30% al 25%.

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