La fauna del subte porteño
* Vendedores, artistas y buscavidas de toda laya son la población estable de los subtes.
* minutouno.com se sumerge en el increíble mundo del transporte público porteño para develar sus reglas, códigos y vendettas.
El subte “B” que une las estaciones Alem y Avenida de los Incas, lleva a miles de personas que se mueven hacia o desde sus trabajos, universidades o colegios. Todos pensando en lo suyo. Nadie atento a Ellos.
“Ellos” son la población estable del subte. Su fauna. Son los vendedores, los músicos, los ladrones; gente que ‘vive’ y trabaja en el vagón.
En la línea B, los vendedores suben en Ángel Gallardo, en los primeros vagones. “No se puede subir en cualquier lado; una vez me mandé, y casi me sacan a patadas”.
El anteúltimo escalón está ocupado por “los falderos”; los que dejan en el regazo una tarjeta, o un objeto, pero que “no hablan, no venden”. Son más de 120 y suben en la estación Federico Lacroze, en los últimos vagones. Empiezan de atrás para adelante, para evitar a los vendedores. “Si viene un vendedor, esperan, pero con nosotros, como no hablan está todo bien”, asegura otro músico.
En la base de la pirámide, están los rezagados, los “mangueros”. “Son los HIV, los que les falta un brazo, o una pierna. Esos no venden nada, es distinto”. Igual, ni se les ocurre “cortar” a un vendedor.
El otro gremio
Por fuera, no sólo de la ley, sino de las reglas del subte, están los “pungas”, los ladrones. “Ellos suben en cualquier lugar en el que haya una víctima; si vienen persiguiendo a alguien hay que aguantársela”. Igual, si suben y ven a alguien vendiendo, no molestan. Siempre que no estén con alguien en vista. “Son lo que más hay y te engañan porque están vestidos de persona normal”, asegura un folklorista.
La ley del subte se dirime de modos violentos. Un músico dice haber visto “cómo le clavaban una birome en la garganta a otro tipo”. Típico de las películas de la mafia, pero posible en la mismísima Buenos Aires subterránea. Aunque se trata de un extremo, es muy común ver “trompadas, piñas, y hasta amenazas de muerte”.
Cada uno tiene su línea. “Si sos de la B, no te podés caer un día en la D, porque te echan a trompadas”. Sin embargo, en muchas líneas hay reglas similares, y en los trenes también. No es para menos, ya que el dinero es mucho. Hay quiénes se llevan $4 mil por mes de su trabajo en el subte. “La gente nos ve en la calle y cree que somos mendigos; nada que ver”.
No se sorprenda entonces, si siempre ve a los mismos vendedores, o los mismos “falderos” todos los días en su viaje diario en los vagones. Son escalones de una pirámide. Son parte de la fauna del subte
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