La fauna del subte porteño

Economía

* Vendedores, artistas y buscavidas de toda laya son la población estable de los subtes.
* minutouno.com se sumerge en el increíble mundo del transporte público porteño para develar sus reglas, códigos y vendettas.

El  subte “B” que une las estaciones Alem  y Avenida de los Incas, lleva a  miles de personas que se mueven  hacia o desde sus trabajos, universidades o colegios. Todos pensando en lo suyo. Nadie atento a Ellos.
“Ellos” son la población estable del subte. Su fauna. Son los vendedores, los músicos, los ladrones; gente que ‘vive’ y trabaja en el vagón.

¿Cómo es esto? Se trata de personas que se enfrentan día a día con ese mundo que corre paralelo a nuestros ojos. “En el vagón hay códigos”, dice un laburante que obviamente prefiere no dar su nombre. La gente que sube a los vagones a vender, o cantar, o pedir, “convive” bajo reglas tan firmes como intangibles. “En casi todas las líneas hay que respetar ciertas reglas; hay como un control” sentencia otro.

En la cúspide de esta rígida pirámide están los vendedores. “No les importa nada” aseguran. Todo el mundo actúa detrás de ellos.  Nadie se atreve a “cortarles” el tren, expresión que se usa cuando otro les interrumpe la venta. Y el que lo hace, en general “cobra”. “Si es un vendedor, ni le preguntan; lo matan directamente”.
En la línea B, los vendedores suben en Ángel Gallardo, en los primeros vagones. “No se puede subir en cualquier lado; una vez me mandé, y casi me sacan a patadas”.

La escala sigue hacia abajo con los músicos. Los que están hace mucho tienen que encargarse de que los que quieren entrar no puedan, “porque si no, se llena y los vendedores nos echan a todos” En realidad, a los vendedores no les gusta que haya músicos en el lugar de venta, pero soportan a los que están desde hace tiempo para que saquen a los nuevos. “Yo tengo amigos que tocan arriba, y si quiero subir, no van a dudar en sacarme”, sintetiza un guitarrista.

Muchos no lo aguantan, y duran semanas. Los que se quedan lo hacen “por la plata, porque se gana muy bien”. ¿Cuánto es “muy bien” como para soportar todo el día esa presión? Un músico puede ganar $100 por día, sin poner demasiadas horas.


El anteúltimo escalón está ocupado por “los falderos”; los que dejan en el regazo una tarjeta, o un objeto, pero que “no hablan, no venden”. Son más de 120 y suben en la estación Federico Lacroze, en los últimos vagones. Empiezan de atrás para adelante, para evitar a los vendedores. “Si viene un vendedor, esperan, pero con nosotros, como no hablan está todo bien”, asegura otro músico.

En la base de la pirámide, están los rezagados, los “mangueros”. “Son los HIV, los que les falta un brazo, o una pierna. Esos no venden nada, es distinto”. Igual, ni se les ocurre “cortar” a un vendedor.

El otro gremio
Por fuera, no sólo de la ley, sino de las reglas del subte, están los “pungas”, los ladrones. “Ellos suben en cualquier lugar en el que haya una víctima; si vienen persiguiendo a alguien hay que aguantársela”. Igual, si suben y ven a alguien vendiendo, no molestan. Siempre que no estén con alguien en vista. “Son lo que más hay y te engañan porque están vestidos de persona normal”, asegura un folklorista.

La ley del subte se dirime de modos violentos. Un músico dice haber visto “cómo le clavaban una birome en la garganta a otro tipo”. Típico de las películas de la mafia, pero posible en la mismísima Buenos Aires subterránea. Aunque se trata de un extremo, es muy común ver “trompadas, piñas, y hasta amenazas de muerte”.

Cada uno tiene su línea. “Si sos de la B, no te podés caer un día en la D, porque te echan a trompadas”. Sin embargo, en muchas líneas hay reglas similares, y en los trenes también. No es para menos, ya que el dinero es mucho. Hay quiénes se llevan $4 mil por mes de su trabajo en el subte. “La gente nos ve en la calle y cree que somos mendigos; nada que ver”.


No se sorprenda entonces, si siempre ve a los mismos vendedores, o los mismos “falderos” todos los días en su viaje diario en los vagones. Son escalones de una pirámide. Son parte de la fauna del subte

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