Los diálogos más sabrosos de las "Charlas de Quincho"
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Pero hay compromisos sociales obligados -al menos, para algunos- y en una jornada agobiante por el calor (el aire acondicionado de la tienda no alcanzaba ni para paliar la transpiración), en mesas de 8, aterrizó parte del tout porteño. Para hablar, reír y comentar, claro, las incidencias de la valija con 800 mil dólares de Antonini Wilson y cómo, por ese episodio, hoy se cumple una semana que parece un siglo de la asunción de Cristina de Kirchner. Más lejanos esos fastos del 10 de diciembre le deben parecer a la propia presidente: no ha tenido un minuto para solazarse desde que juró, ni siquiera en las 7 noches de insomnio que lleva de mandato.
A su vez, Ignacio Gutiérrez Zaldívar se acurrucaba en secretos con el ex embajador charrúa Alberto Volonté, escena que no despertaba ningún tipo de connotación por la índole de los personajes, ni siquiera por quien heredó a Volonté en el cargo, Francisco Bustillo, quien empezaba vacaciones ese día quizás para no hablar de Botnia y los conflictos vecinales. Tardó en llegar Daniel Scioli, habitué de las tertulias de Bruno Quintana (cuestión que entusiasma a Cristóbal López), por tropiezos de último momento; vio la carrera, despidió a Valdivieso y, sobre todo, se excedió en juveniles piquitos con su mujer Karina, una pareja que en público actúa con notable diferencia de los Kirchner (quienes, como Menem con la Bolocco, pudorosos nunca se besan). Rattazzi deambulaba con su sombra rubia recuperada, Alicia Fernández, mientras el Gutiérrez de Aeropuertos 2000 se condolía de María Laura Leguizamón, casi la única sin sombrero en esa gala hípica, quizás porque proviene del kirchnerismo y es legisladora del staff cristinista. O sea, debe hacerse notar.
Directivos de «La Nación», mientras, se contagiaban de ira por el propósito oficial de bautizar Francisco Solano López a una plaza, justo al enemigo de Don Bartolomé Mitre, casi repitiendo otros enojos como cuando la emprendieron contra los Rodríguez Saá, que designaron, también a una plaza, con el nombre de Juan Manuel de Rosas. Parte del menú, como los platos con aspic de pescado, luego un lomo con panceta y papas, para cerrar con un fondant de chocolate. Si faltaba algo, lo aportaron las invitadas de honor: todas subieron al escenario para mostrar y recibir aplausos por sus sombreros, desfile que al género (ya que Cristina no usa la palabra sexo) no le viene bien como señal de respeto.
Así cenaron entonces en Parque Norte «los hijos de la Viuda» -nombre con el que se autodenominan los masones-, cuya tarea simbólica es «construir el templo del Rey Salomón» (de allí que esta organización haya crecido inicialmente en el sector de constructores y albañiles), aunque la logia argentina siempre se interesó más por la tradición política que por la religiosa (conviene señalar, para los desconocedores, que casi la mitad de los presidentes de la República fueron masones). No es cuestión ni momento, claro, para desempolvar el peso de las logias entre los grandes próceres del país, abnegados como San Martín, Belgrano o Sarmiento. Infrecuente una reunión tan ampliada, aunque el aniversario quizás lo merecía, con diálogos comunes a los de otras cenas, también los chistes y los chimentos, habituales deseos de bienestar general como en cualquier otro sitio con la única salvedad de que los hermanos, en la « tenida de masticación» (nombre que le conceden a la cena) se abrazaban con una triple palmeada, más conocida como «Triple Abrazo Fraternal» o T. A. F.
-se decía que la señora Cristina había convocado a ciertos adláteres para escuchar opiniones sobre la respuesta que el gobierno debía brindar por el caso Antonini Wilson: casi todos los consejos sugerían que ella no se involucrara en la cuestión. Pareció aceptarlo hasta que de pronto dio una vuelta de campana y dijo que ella protagonizaría la réplica (tanto que, algunos, creen que parte -sobre todo, la primera- de la última colaboración escrita por Alberto Fernández a un matutino fue responsabilidad de ella);
-como el tema del espíritu (la trascendencia o no), en ocasiones habilita el diálogo con los masones, a propósito de singulares epitafios que algunos hermanos han grabado en sus lápidas, uno de ellos reveló que el zar del monopolio «Clarín», Héctor Magnetto, acaba de comprar una bóveda en la Recoleta. Previsor el empresario, se afirmó ya que también desea tener a cubierto su memoria: el periodista José Ignacio López está escribiendo la biografía de este contador que le compite o supera al matrimonio Kirchner en la hegemonía del poder;
-había quienes habían visto a Alberto Fernández en el programa de Andy Kusnetzoff -sobre el tema del valijero Antonini Wilson- en el cual el jefe de Gabinete le preguntó al interrogador por «Jack Bauer, el protagonista de la serie 24 Horas». Esa mención sirvió para que el funcionario explicara que muchas de las acciones de Bauer son verdad, pasan en la vida real;
-tanto lío por las valijas, según algún avispado, hizo olvidar la primera crisis de Cristina de Kirchner. Fue con el gremialista Hugo Moyano; allí trascendió que el jefe de la CGT, luego de su embate contra el gobierno tuvo una reunión cumbre con varios colegas de profesión en el sindicato ceramista. Todos adhirieron a que empieza la lucha ( salarial, claro), a menos que haya alguna intervención desde un café literario.
De un lado, Mauricio Macri presentó a su equipo (que no es el perdedor de Boca), integrado por Horacio Rodríguez Larreta, Jaime Durán Barba, Marcos Peña, Federico Pinedo y Diego Guelar. Del otro lado, el jefe del PP español, Mariano Rajoy, presentó a los suyos, Jorge Moragas, Alberto Núñez Feijó y el senador Tomás Burgos entre otros. Fue en el Museo Fernández Blanco y, en verdad, a pesar de utilizar el castellano como elemento de comunicación, hablaron en distintos idiomas. Lógico: uno es ingeniero empresario que desea apartarse de la política formal y el otro, un registrador de la propiedad (algo más que un escribano, en España) que no gana su registro por tradición o familia, sino por cumplir difíciles pruebas.
Hubo un salad bar para que cada uno se sirviera a gusto y Macri, en su primer encuentro internacional como jefe de Gobierno, le explicó en parte la «nueva política» y le cedió para que se excediera en el tema al ecuatoriano Durán Barba (los partidos políticos no existen más, hay que hacer gestos de identificación con el ciudadano común), quien le mostró el gran éxito de Mauricio en la campaña: la foto saltando baches. Le aconsejaron al peninsular que practicara ese tipo de ejercicios si quería ganar las elecciones. Agradeció Rajoy, pero le explicó a Macri que en España sí existen los partidos y que, en todo caso, el tema principal es el fracaso del acuerdo con la ETA. Por allí, cree él, pasa todo para las elecciones de marzo en las que se eligen cargos municipales. En verdad, en la charla se demostró que Rajoy vino al país para capturar el voto de los emigrantes, ya que en Galicia -de donde es oriundo-, el PP perdió por culpa de ese voto en el exterior.
Si queda una multipartidaria en la Argentina, el domicilio quizás haya que ubicarlo en el edificio Estrugamou, en un departamento de la planta baja. Allí vive el ex embajador Archibaldo Lanús, quien sentó a su mesa -discreta carne con papas y zanahorias- a Enrique Nosiglia, Leopoldo Moreau, Jesús Rodríguez, Marcelo Bassani, Hugo Anzorregui, Alieto Guadagni, Ramón Puerta y algún periodista que vive en el exterior. Ninguno habló de crisis, menos cuando el economista de la reunión ( Guadagni) dijo que todo pasaba para 2009 (como suele decir Eduardo Duhalde). Sí, en cambio, se quejaron por la forma en que Roberto Lavagna les hizo disminuir votos a los radicales, al extremo de que perdieron hasta en la provincia de Buenos Aires, distrito tradicional, a manos de Margarita Stolbizer. Como se mencionó el nombre de Lavagna, hubo una pregunta: ¿es cierto que el gobierno lo tentó para recuperarlo para que eventualmente sea candidato en la Capital Federal en las próximas elecciones? Más de una duda, pues el ex ministro ya salió a objetar a Cristina por el tema de las valijas venezolanas de Antonini Wilson.
Comentaban con gracia una novedad de la Presidente (no les cae demasiado simpática por anteriores desplantes y maltratos), quien según anticipaban prohibiría esta semana el ingreso de fotógrafos de agencias al despacho de la Casa Rosada. Decían que hará lo mismo que Daniel Scioli; sólo distribuirán las fotos que ella autoriza y del chasirete oficial. ¿Y cuál es el problema de las fotos?, cuestionó uno de los asistentes. Al parecer, referían, a ella le disgustan las instantáneas tomadas con gran angular que, ciertamente, deforman en ocasiones rostros y figuras. Sobre todo, los agrandan.
Después, hablaron de los radicales que quedan en el gobierno, los que podrían acceder (¿Dante Caputo para una embajada?) y, por supuesto, aunque no lo considerantal, se entretuvieron conversando sobre el rol de Carlos Chacho Alvarez al frente del Banco del Sur (si se confirma su designación). Luego entraron al tema que más les gusta: las elecciones. Y las pasadas, donde Moreau dijo que su hija -ya diputada- a medida que avanzó el recuento sacó muchos más votos que en el escrutinio original, mientras Puerta explicaba que a él le pasó lo mismo hasta que se decidió suspender el conteo. Fue él quien aportó ingenio para estas cuestiones poco explicables cuando avanzó en la necesidad de confrontar firmas de autoridades de mesa, ya que al hacerse la cadena (darle al votante un sobre cerrado con el voto) ésta no funciona por irregularidades en la presentación. Seguramente, hablaba de otro país.
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