El cuádruple crimen de Campana pone en evidencia la vigencia de los abogados que 'sacan presos'
Una práctica aberrante del derecho que resulta denostada por casi la totalidad de los abogados penalistas, es la mecánica conocida en el argot judicial como la de los “saca presos”. El cuádruple crimen de Campana espantó a la sociedad tanto por la bestialidad de los asesinos como por la condición judicial en que se encontraba el principal organizador de la masacre, Angel Antonio Fernández.
La legislatura de la Provincia de Buenos Aires ya anunció el jury de Enjuiciamiento al juez de garantías Nicolás Schiavo, y si en el proceso se llega a desnudar la trama secreta por la cual el magistrado le concedió la libertad vigilada a un delincuente con el frondoso prontuario del principal imputado, quizás se esclarezca el papel que jugaron en esta macabra historia los defensores de Fernández y sus vinculaciones con el juez en vías de procesamiento.
Es que un punto resulta claro: cuando los jueces son beneméritos para conceder excarcelaciones a delincuentes peligrosos, siempre hay un pedido de la defensa cuyos argumentos hace lugar la justicia. Y detrás de esa acción se incuba la sospecha de la actuación de los llamados “saca presos”.
Un “saca presos” es lisa y llanamente un abogado que conoce el tarifario de ciertos juzgados y comisarías para beneficiar con la liberación a los delincuentes que tienen los medios para pagar su excarcelación. Es curioso que esta práctica sea siempre motivo de conversaciones en los corrillos tribunalicios, pero que nadie se atreva a afirmarlo públicamente y mucho menos a investigar cuáles son los juzgados y los abogados que más delincuentes peligrosos han liberado en los últimos años.
Un ejemplo. Silvio Cascella era un abogado trucho detenido en Morón al que se le encontró una credencial falsificada del Colegio de Abogados de Mar del Plata. Si bien Cascella fue denunciado por estafas por clientes a los cuales le prometía gestiones que jamás realizaba, la investigación demostró que el falso abogado utilizaba sus contactos en las seccionales de Castelar Norte y La Matanza. La trama que descubrió la justicia y el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires es que Cascella no solo liberó presos por su vínculos en el tráfico de influencias, sino que llegó a intervenir en juicios orales que ahora podrían quedar anulados merced a la condición real de falso abogado que dentaba Cascella.
Otro abogado (había ejercido el periodismo policial y de ahí sus fluidos contactos con la justicia y la policía) era conocido hace años por hacer guardia en un café –el Petit Colón- cercano a los Tribunales porteños los días en que estaba de turno algún amigo incondicional del penalista. Ese día los clientes de este defensor salían a delinquir con la tranquilidad de que si eran detenidos corrían con ventaja de salir liberados prontamente. Esa presunta garantía que ofrecía el abogado se pagaba en efectivo antes de comenzar la jornada. El defensor los esperaba en la mesa del bar, cobraba anticipado sus honorarios y quedaba ahí desde media tarde hasta que finalizara el turno de sus magistrados o policías amigos.
Cuando a raíz del cuádruple crimen de Campana salió a luz que había un negocio oculto detrás del otorgamiento de las pulseras magnéticas, muchos se llenaron de asombro por la frialdad como se relataron historias por todos conocidas en el mundo de la justicia pero nunca denunciadas públicamente.
¿Cuántos delincuentes y violadores de suma peligrosidad están libres merced a esta tenebrosa relación comercial entre abogados “saca presos” y algunos juzgados livianos para dictaminar excarcelaciones, como el juez Nicolás Schiavo?
La cifra exacta no es conocida pero se sabe que no son pocos los individuos que acechan amparados por algún polémico dictamen judicial concedido entre gallos y medianoches. Cuando ocurre una masacre como la de Campana, se prometen investigaciones a fondo que después habrá que ver hasta donde llegan.
La sombra de esos “saca presos” acecha a la población tanto como los criminales a los que permiten liberar con tan nefastas prácticas.
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