El hombre nació por tercera vez
Otra mirada para las acciones diarias. Porque no todo es lo que parece. Por eso, un pequeño pero efectivo baño de realidad. Entrá, leé y contanos tu historia real.
Avalos mineros
Era un sábado 27 de Febrero y Raúl Bustos Ibánez abrió la ventana de su casa para ver el clima. Había un extraño silencio, y le llamó la atención no ver pájaros en los árboles. Como el cielo estaba muy nublado, decidió ponerse el piloto, ya que el astillero estaba a más de veinte cuadras.
Conversó mucho con su mujer acerca de la conveniencia de emigrar sólo o con toda su familia. Como su casa había sobrevivido bien al terremoto y al tsunami, optaron porque su esposa se quedara con los chicos y evitaran posibles saqueos. Luego de pedir trabajo a primos y familiares que vivían en distintas localidades del país, Raúl partió para el norte, donde había una oportunidad laboral en una mina.
Su vida en Copiapó transcurría con tranquilidad. La paga no era buena, pero era mucho mejor que no poder trabajar, como ocurría en su Talcahuano natal. Por otra parte, su tarea como mecánico no era tan demandante como la de otros oficios mineros.
Los francos eran rotativos, y el jueves 5 de Agosto no le tocaba trabajar. Como le dolía la espalda, estaba tirado en su catre cuando un compañero vino a decirle que lo necesitaban en el trabajo ya que unas cañerías se habían roto. Haciendo un gran esfuerzo se puso de pie, se vistió, y fue para la mina. Luego, descendió a las profundidades de la tierra y se puso a reparar las averías.
Minutos después, otro temblor vibraba bajo sus pies, pero también sobre su cabeza. Pensó que esta vez estaría a salvo de las aguas.
Segundos después, el silencio era ensordecedor. No había tsunamis, pero tampoco luz. Todo era polvo, oscuridad y voces humanas que empezaban a multiplicarse. Pasarían 17 agónicos días para que él y sus 32 compañeros recibieran noticias de la superficie, y tuvieran esperanzas de no morir sepultados en las entrañas de la tierra. Y setenta días para que Raúl Bustos Ibañez naciera por tercera vez, cuando lo rescataron a 662 metros de profundidad en la mina de San José.
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