El Jacarandá

*Los árboles de Buenos Aires "tienen ese no se qué" pero además poseen historia, diversidad y características especiales.
*Te presentamos cada especie que hay en la ciudad.
*Si no sabés qué arbol es el de tu cuadra, mandanos una foto y te contamos.

Jacaranda mimosifolia 
Familia Bignoniáceas


        
Nombre vulgar en portugués jacaranda mimoso      
Nombre vulgar en guaraní jacarandá
Nombre vulgar en inglés jacaranda 

Jacaranda es su antigua denominación indígena, en idioma guaraní. Mimosifolia se refiere a que las hojas compuestas son similares a las de las mimosoideas, grupo al que pertenecen las acacias y los aromos.
En Argentina, crece naturalmente en la nuboselva que se extiende desde Jujuy hasta el norte de Catamarca. También se lo encuentra en Brasil, Paraguay y Bolivia.

En la ciudad


 


Cuando llegan los últimos días de octubre, Buenos Aires se vuelve azul celeste y da una excusa más para recorrer sus calles con la mirada atenta y el corazón abierto. La bellísima floración del jacarandá se funde con el cielo azul de la primavera en ráfagas azul lila que acompañan la arquitectura de los edificios y visten el cielo, el suelo y el alma con mantos coloridos. 


Los jacarandás son, desde fines del siglo XIX, árboles característicos de la Ciudad de Buenos Aires. Parte del grupo de especies nativas de las selvas húmedas del norte argentino que fueron probadas y adoptadas por los responsables de forestar la ciudad entre 1890 y 1930 crecen en las veredas de algunas de las avenidas más notorias de la trama urbana porteña y forman grupos muy bellos en plazas y parques.


Las condiciones ambientales en la ciudad y el descuido al que han sido sometidos durante décadas aumentan su sensibilidad al ataque de plagas, como la cochinilla del aguaribay, que daña a muchos ejemplares disminuyendo paulatinamente su vigor y afectando su desarrollo. 


Forma y tamaño

Algo desgarbado, el tronco suele torcerse y hasta inclinarse sin mediar otras razones que su propia conformación. Las ramas son zigzagueantes en su parte más delgada. Llega a medir 18 a 20 m, con copa amplia.
    



En busca de una quimera


 


Aun entre las calles atestadas, se puede recorrer Buenos Aires en busca de una quimera. En la Av. Belgrano al 900, crece un jacarandá que, caprichosamente, tiene una rama –sólo una– que en lugar de florecer en su indescifrable color azul, lo hace en color blanco. Se la puede justificar científicamente llamándola “quimera” desde el punto de vista botánico. Es decir, un cambio repentino en la información genética de ciertas partes de un vegetal que toman un aspecto diferente del resto. Sin embargo, quizás sea mejor considerarla una quimera desde otros puntos de vista.


¿Dónde está?



En casi todas las plazas de Buenos Aires puede encontrárselos. Especialmente notables son los ejemplares de la Plaza Rodríguez Peña, frente al Palacio Pizzurno, los de la Plaza Gral. Páez en Libertador y Sarmiento y los agrupados en la Plaza Italia. Además, forman el arbolado de ali-neación en la Av. 9 de Julio, junto a las tipas y los palos borrachos. Visten avenidas como la Diagonal Sur, la Av. Sarmiento, algunas cuadras de la Av. Figueroa Alcorta y de la Av. San Juan y muchas otras veredas donde vivan vecinos sensibles a la enorme belleza de sus flores de noviembre.



Interés principal


La floración de indefinido color azul-celeste-lila que cubre las ramas desnudas en el mes de noviembre y contagia su gran valor plástico a las calles de la ciudad.
    


Sitios de cultivo en Argentina


Excepto por su debilidad frente a las heladas en los primeros años de vida, su cultivo es relativamente fácil. Crece bien en suelo con buen drenaje de toda el área templada del país.

Mitos y medicina popular


 


Muy usado en medicina popular: como vulnerario en heridas en el caso de la decocción de hojas y como antisifilítico en el té o infusión, un uso tradicional muy difundido.
En la Mesopotamia, suele usarse la corteza como anticonceptivo. Tiene un alto contenido de flavonoides (pigmentos amarillos) y saponinas.
La corteza es hendida en placas pequeñas, de color grisáceo oscuro.
Las hojas son doblemente compuestas (imparipinnadas), con folíolos pequeños, de menos de 1 cm de largo, en color verde algo pálido. El follaje cae tardíamente, entre septiembre y octubre.

Flores


    Como el jacarandá mi vida fuera:
dar siempre antes las flores que la sombra
y ser azul o lila hasta en la hoguera.

CARLOS ALBERTO ÁLVAREZ

 


Las flores, con corola acampanada, son de color azul alilado. La floración es típica de las bignoniáceas, profusa, muy vistosa. La floración principal se da en Buenos Aires en el mes de noviembre, una vez caídas las hojas y antes de la brotación, sobre las ramas desnudas. Una segunda floración ocurre en el mes de febrero, con el árbol totalmente foliado, menos abundante que la primaveral.


Los frutos son bastante particulares, leñosos, con dos tapas que se abren a la madurez y muestran las semillas leñosas, aladas. Miden unos 6 cm de largo y 4 a 5 cm de ancho, con forma oval, parecidos a castañuelas de madera.






 


Extraído de "Arboles de la Ciudad de Buenos Aires", de Graciela Barreiro. Gentileza de Vázquez Mazzini Editores.


 



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