El Paraguayo de Oro



  • Hace 30 años que ya no está entre nosotros, pero año a año su leyenda se agiganta porque además en estos años que corren, en los que ningún jugador pasa mucho tiempo en el medio local, se hace más difícil superarlo. Un día  como hoy pero en 1977 fallecía Arsenio Erico, el máximo goleador del fútbol argentino con 293 goles.


El “Paraguayo de oro” como se lo conoció, entre tantos apodos que surgían en esas épocas, nació un 30 de marzo de 1915 en Asunción, y a los 15 ya había debutado en la primera división de su país, defendiendo los colores de Nacional.



Su llegada al fútbol argentino se dio de una forma muy particular. En 1932 entre Paraguay y Bolivia estalló la famosa Guerra del Chaco, y como Erico, con 17 años, no tenía edad de ser enrolado al ejército, se le permitió acompañar en una gira a la delegación de la Cruz Roja, que para recolectar fondos, jugó amistosos en Uruguay y Argentina.


 


Esa gira deslumbró a los dirigentes de River e Independiente, que pujaron por el joven jugador, siendo el equipo de Avellaneda quien se pudo hacer con los servicios del paraguayo, previo pago de 12 mil pesos a Nacional de Paraguay.


 


Su primer partido en el Rojo fue el 6 de mayo de 1934 ante Boca, en un partido en el que no pudo hacer goles, pero fue donde se adueñó de la camiseta número nueve, para no largarla por doce años. Su primera declaración fue una puerta de entrada a lo que vendría, ya tras ese partido dijo que “quiero darle al público el gol, que es lo que más se celebra”, y una semana después comenzó a pagar su promesa, anotándole a Chacarita sus primeros dos goles.


 


Erico fue goleador en los torneos de 1937, 1938 y 1939, con 47, 43 y 40 goles respectivamente, pero en la temporada ’38 se dio una situación particular. La empresa Picardo, que fabricaba los cigarrillos 43 (que luego pasarían a ser los famosos 43/70), le prometió un premio si llegaba a los 43 goles, cifra que alcanzó a falta de dos partidos para el final del campeonato. Lo gracioso de la anécdota, es que muchas veces en las que tuvo la posibilidad de hacer goles, tuvo que cedérselos a sus compañeros, para no perder el premio.


 


Ese equipo de Independiente de los años 38/38, que metió 115 goles en el torneo, fue considerado por muchos especialistas como uno de los mejores equipo de la historia del fútbol, junto con el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano, quien llegó a considerar al paraguayo más que a Pelé, y el Santos del propio brasileño.


 


Junto a  Vicente De la Mata, Antonio Sastre y José Zorrilla, en el tiempo que compartieron en el club, anotaron 556 goles, una cifra espectacular, que sin lugar a dudas le permite pelear palmo a palmo con “La máquina de River” por el trono de la mejor delantera del país.


 


En 1947 antes de volver a su Paraguay natal para jugar en Nacional y Sol de América, jugó algunos partidos oficiales y amistosos en Huracán, pero no anotó goles.


 


En 1977, un problema arterial le provocó una gangrena en la pierna izquierda, que llevó a que le tuvieran que amputar a la altura del muslo, y el 23 de julio, cuando parecía que estaba recuperado, falleció de un paro cardíaco. Al día siguiente, en un partido entre Independiente y River, que ganaron los Rojos por 2 a 1, la gente local se la pasó coreando “se siente, se siente, Erico está presente”, como merecido homenaje al máximo artillero del fútbol argentino.

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