En Boedo hubo motivos y motivación

El 2006 iba llegando a su fin, y San Lorenzo vivía uno de los peores torneos de los últimos años. Con las navidades aparecían los problemas, los dirigentes llegaban a un acuerdo con Oscar Ruggeri, y el ex capitán de la Selección Argentina, dejaba de ser el técnico de la institución.

El 2007 comenzaba con la sorpresa y el esfuerzo de la comisión directiva para contratar a un técnico que no dirigía hace cuatro años. Ramón Díaz, para la sorpresa de muchos, se hacía cargo de un equipo herido, castigado por donde se lo mire. Solicitó pocos refuerzos porque quería mantener la base, es por ello que le reclamo a los dirigentes que hagan todo lo posible para retener a Ezequiel Lavezzi, y le dio la confianza a Agustín Orión para que sea el dueño de los tres palos.

Gastón Fernández, Cristian Ledesma y Aureleano Torres, llegaban a un equipo necesitado, sediento de triunfos y objetivos.

San Lorenzo arrancaba con el pie derecho, debutaba con una victoria ante Gimnasia de Jujuy  y partido a partido conseguía resultados positivos. El triunfo ante Boca en la Bombonera por 3 a 0 le dio confianza y crédito a un equipo que, para muchos, no iba a ser protagonista de un torneo lleno de interrogantes.

Luego de la derrota ante Estudiantes en La Plata, parecía que el equipo caía, pero la motivación del entrenador hizo que el grupo se levantara para seguir en la lucha. Triunfos importantes ante Independiente, Racing y Newell´s -en Rosario- consolidaban a un conjunto que seguía progresando y siendo el protagonista del campeonato.

El empate en la segunda fecha sobre la hora ante Colón, fue importante para no perder la confianza.

La camioneta que prometió Ramón, dio resultado. ¿Compromiso? ¿Ambición? Quién sabe, lo cierto es que el entrenador supo bien como motivar a un grupo similar al que en el 2006 dejaba más dudas que certezas.

¿El mejor equipo del campeonato? Varios lo podrán discutir, pero lo incuestionable es que fue el más regular del certamen.

San Lorenzo tuvo un semestre soñado, con Ramón como el gran director de una atrapante  película que muchos quisieron escribir, pero que pocos contaban con su éxito. Y al fin y al cabo, hoy Boedo se viste de fiesta.

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