En Libia se vio el lado oscuro de Sarkozy

*Después de haber cooptado dirigentes opositores mediante técnicas "borocotísticas", el presidente francés habría disfrazado la verdad de la negociación con Libia para liberar al médico palestino y las enfermeras búlgaras.

Comenzó su gobierno con la fuerza de un huracán, generando la sensación de que franceses en particular y europeos en general encontrarían en él un liderazgo imponente y desprovisto de los viejos vicios de la política.


 


La habilidad y la capacidad de decisión con que ayudó a la canciller alemana Angela Merkel a destrabar la marcha de Europa hacia la unidad, que se había bloqueado por el “no” de holandeses y franceses a la constitución común, ratificaba que el conservadurismo galo había engendrado un dirigente capaz de superar la modorra pasmosa a la que se había acostumbrado con Jacques Chirac.


 


Pero a poco de andar, Nicolás Sarkozy dio dos señales preocupantes: primero comenzó a sustraer figuras relevantes al opositor Partido Socialista, en una jugada que los argentinos no dudarían en llamar  “borocoteada”.


 


El economista Dominique Strauss Khan, quién perdió la interna acusando a Sególène Royal de ser liberal y conservadora, aceptó sin pestañar cuando el presidente francés lo propuso para encabezar el Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo mismo hizo el socialista Bernard Kouchner cuando el jefe del Elíseo le ofreció el Ministerio de Relaciones Exteriores.


 


Pero más preocupante que este “borocotismo” explícito, es la postal idílica con la que parece haberse ocultado una negociación oscura en el espantoso caso de las enfermeras búlgaras y el médico palestino, quienes habían sido condenados a muerte en Libia bajo acusación de infectar deliberadamente con el virus HIV a decenas de niños.


 


Los más serios analistas europeos que se asomaron al caso, coincidieron en que la infección de Sida que mató a medio centenar de niños fue, a todas luces, consecuencia de la ineficiencia y la corrupción que engangrenan el sistema de salud pública en Libia.


 


Sin embargo, el régimen que preside el excéntrico Muammar Khadafy descubrió en esta tragedia un instrumento político para forzar negociaciones truculentas.


 


Lo que vivieron las enfermeras búlgaras y el médico palestino en estos años de cárcel fue un infierno atroz, con torturas que incluyeron la violación con perros y otra variedad de tormentos.


 


En las negociaciones que encaró Europa para que el régimen de Trípoli libere a los apresados, todo fue lento hasta que llegó Sarkozy a la presidencia de Francia y se hizo cargo del asunto a través de su mujer.


 


Finalmente, llegó a la esperada postal de madame Sarkozy junto a los trabajadores sanitarios por fin liberados. Sin embargo, mientras toda Europa ovacionaba al matrimonio gubernamental francés, empezó a verse que detrás de la conmovedora postal se oculta una negociación poco edificante.


 


Por estas horas, lo que parece claro es que Francia convenció al coronel Khadafy porque pactó con él millonarias ventas de armamentos a Libia, que incluyen por ejemplo misiles anti-tanque por valor de 168 millones de euros, operación que tuvo por pantalla una fundación que preside el hijo del turbo líder libio.


 


Muammar Khadafy está en el poder desde 1969, cuando encabezó el golpe de estado que derrocó al rey Idris, durante un viaje que el monarca realizaba a Marruecos, y creó el Consejo Supremo de la Revolución logrando que el príncipe Hasar el Reda abdique el trono de su padre, allanando el camino al nuevo régimen.


 


Al mismo tiempo en que defendía mejor que sus antecesores los intereses petroleros del país, este beduino militar que se identificaba con las ideas socialistas y nacionalistas del egipcio Gamal Abdel Naser, apoyaba con armas y dinero a todos los movimientos insurgentes de Africa y Medio Oriente.


 


En particular, la OLP liderada por Yasser Arafat y las organizaciones más radicalizadas, como el Frente Popular de Liberación Palestina del médico jordano George Habbash, pudieron entrenar combatientes en los desiertos libios y recibir de Trípoli toneladas de fusiles Kalashnikov.


 


El atentado contra un avión de Pan American que cayó sobre la localidad escocesa de Lockerbie provocando una masacre, además de los bombardeos de Ronald Reagan sobre Trípoli y Bengazhi, en los que murió una hija adoptada del dictador, condujo a Libia a un aislamiento total, agravado por la desaparición de la URSS.


 


Sobre fines de los noventa y principios de esta década, el líder lidio emprendió un giro copernicano que desembocó en un compromiso de cese total de ayuda a movimientos insurgentes, desmantelamiento de los programas y arsenales libios de armas de destrucción masiva, y  colaboración con Estados Unidos y Europa en la lucha contra el terrorismo.


 


Semejante cambio se debió, entre otras cosas, al acoso que su régimen secular está sufriendo de los terroristas Grupos Salafistas de Combate y Predicamento.


 


Por lo que fuere, el régimen libio cambió su relación con las potencias occidentales. Lo que no cambió fue su instinto despótico y brutal, hecho que a la Casa Blanca no le importa mientras Khadafy cumpla con lo acordado con Washington.


 


De ese aspecto truculento del régimen libio da cuenta el escalofriante relato del médico palestino, corroborado por las enfermas búlgaras. Y quizá valía la venta de armas que exigía Trípoli para liberarlos de semejante suplicio.


 


Pero eso no excusa al presidente francés de haber ocultado el lado oscuro de la negociación, para que Francia, Europa y el mundo crean que fue su voluntad de hierro y el aporte de su guapísima esposa española lo que convenció a Khadafy de tener un gesto humano.

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