Alberto Cormillot mostró la intimidad de su casa junto a su esposa casi 50 años menor que él

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El médico y su pareja viven en una amplia casa con azulejos clásicos y repisas con miniaturas y libros, así como con una colección de 31 enanos de jardín.

La residencia que comparten el reconocido médico Alberto Cormillot y su esposa, la nutricionista Estefanía Pasquini, se ha transformado en mucho más que una vivienda funcional; es un museo personal que refleja la identidad de sus habitantes. El hogar se destaca por una arquitectura emocional donde cada rincón parece haber sido diseñado para amalgamar, de manera equilibrada, la calidez de la vida familiar con una profunda devoción por el coleccionismo.

Al ingresar, el impacto visual es inmediato. Lejos del minimalismo imperante, la propiedad apuesta por una abundancia estética que dota de alma a cada habitación. Las superficies verticales son protagonistas: una vasta selección de cuadros y piezas artísticas tapiza los muros, estableciendo un diálogo constante con estatuillas y diversos objetos ornamentales que dotan al espacio de un carácter único y sofisticado.

La atmósfera de las áreas comunes, como la cocina y el salón, es un testimonio de la estética ecléctica de la pareja. Aquí, la calidez de los muebles de madera y el diseño de los azulejos clásicos sirven como lienzo para una colección asombrosa. Las estanterías no solo albergan literatura especializada, sino que están repletas de juguetes, libros infantiles y miniaturas que inyectan vitalidad al entorno.

casa cormillot

Entre los elementos decorativos de mayor envergadura, sobresalen piezas que capturan la atención de cualquier visitante, tales como un caballo tallado en madera y diversas esculturas de origen étnico. Lo más notable de esta propuesta decorativa es la naturalidad con la que conviven estas piezas de colección con la cotidianidad de un hogar con niños pequeños: fotos de la familia y dibujos hechos a mano se mezclan sin jerarquías con obras de arte de gran valor simbólico.

Si el interior es un santuario de recuerdos y cultura, el exterior representa el motor lúdico de la vivienda. El diseño permite una transición fluida y orgánica gracias a amplios ventanales que integran el paisaje verde con la vida puertas adentro. Desde la comodidad del living, es posible contemplar la disposición estratégica de los clásicos enanos de jardín que custodian el predio.

El parque se organiza alrededor de una pileta de dimensiones generosas, que constituye el punto focal del paisaje. Sin embargo, el toque humano y familiar lo aporta una cama saltarina, elemento que delata la presencia y la energía inagotable de Emilio, el hijo menor del matrimonio. De esta forma, la casa de los Cormillot se consolida como un espacio donde la historia profesional, los hallazgos del coleccionista y la frescura de la niñez encuentran un punto de unión perfecto, creando un escenario lleno de vida y autenticidad.

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