Conociendo Rusia Solo en el Gran Rex: Mateo Sujatovich, un domador de sombras
En su apuesta más arriesgada en vivo, Mateo Sujatovich salió más que airoso apoyándose en su principal capital: la fuerza de sus canciones.
Una gira puede ser absolutamente arriesgada pero también previsible y preparada con mucho tiempo a la vez. Que Mateo Sujatovich corría un riesgo artístico en hacer una gira que en Buenos Aires conlleva cinco funciones en el Teatro Gran Rex tocando solo en el escenario, cuando en sus tours anteriores hizo gala de presentarse con formaciones de alto voltaje, era sencillamente una obviedad. Lo que poca gente sabe es que esta experiencia en la que la “banda solista” se iba a transformar en el creador del proyecto presentando sus canciones en solitario ante multitudes se viene cocinando, por lo menos, desde antes de la salida del disco “La Dirección”, allí por noviembre de 2021. Pero las repercusiones del mencionado disco llevaron a una gira de más de un año de duración y en la primera parte de 2023, además de preparar el innovador y bello espectáculo que se pudo ver viernes, sábado y domingo en el principal teatro de la calle Corrientes, el “Ruso” estuvo ocupado preparando nuevas canciones que habrá que esperar hasta 2024 para conocer.
Durante la hora y cuarenta minutos de espectáculo (referentes como Ed Sheeran ya demostraron que hoy por hoy se pueden hacer grandes shows en solitario siempre y cuando uno no se extienda de más), Mateo Sujatovich erigió como un “domador de sombras” en todas las acepciones de la frase. En la arista de la literalidad, cabe mencionar cuando, después de que una sombra de él mismo se proyectaba en la pantalla mientras sonaba pregrabada la suave parte de armónica de “Puede ser”, el cantante le pidió a la misma “que se retire del escenario”.
En el plano de lo metafórico, el “Ruso” demostró con amplitud como conllevar el desafío de tocar en un lugar tan emblemático encontrándose en la situación de tener tres mil personas enfrente, pero mirando a los costados y no encontrando a nadie. Claro que, además de su calidad de cantante multi instrumentista y su carisma, se apoyó en dos pilares fundamentales para maximizar el efecto de la performance en los presentes.
Por un lado, un diseño escenográfico tan sutil como preciso. Las dimensiones de escenarios de esta gira (en la que no hay estadios como el Movistar Arena) permiten prescindir de pantallas que funcionan como repetidoras de la imagen del músico y así abrirse al juego entre los movimientos del músico (que el público puede seguir directamente) y un uso de las pantallas a tono con el clima de cada canción: las imágenes de fondo durante la emotiva interpretación a piano de “La luna” quedará en la retina de los presentes.
El otro pilar, mucho más relevante aún, es sencillamente la pregnancia de sus canciones. Porque en temas como “Se me hizo tarde”, “A la vez”, “Tu encanto”, “Cosas para decirte”, “La puerta”, “Quiero que me llames” y los bises “Cabildo y Juramento” y “Loco en el desierto”, el público no necesita ni siquiera de un guiño del cantante para cantar hasta los puntos y las comas. Así, los climas durante la noche logran transiciones que pocos logran y se pasa de un silencio absoluto para escuchar la ejecución del artista a un coro de tres mil personas con tracción a sangre, sí, pero también con una sincronización natural envidiable.
La naturalidad y la fluidez con la que corrieron las 21 canciones del domingo parecieron una de las prioridades de este espectáculo. Por eso durante la noche casi no hubo lugar para covers ni invitados, con la excepción de la aparición de Chechi de Marcos (quien forma parte de Conociendo Rusia en formato banda hace un tiempo) para hacer el bello feat de estación que comparten con Sujatovich “Hasta que llegue el verano”. Seguramente en 2024 Conociendo Rusia volverá a su formato tradicional para los vivos. Bienvenida sea esta burbuja en el tiempo.
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