Esquizofrenia y silicona: cómo es el backstage de "Bailando..."

Espectáculos

*Una cosa es lo que suele verse del otro lado de la pantalla. Otra muy distinta cómo se ve y se vive desde el lugar del show.
*Vedettes, humoristas, panelistas y fanáticos, todos, bajo la cruda mirada
de un cronista de minutouno.com.
*¡Bienvenidos al show!... detrás de cámara.

Alguna vez el productor televisivo Alejandro Romay, a quien no por nada llamaban el zar, definió a la televisión como "una suerte de lugar mágico donde todo era posible". Esa misma sensación queda al presenciar una grabación del programa más visto de la tele, Showmatch, y su versión de "Bailando por un Sueño".

Bailarinas, vedettes, famosos de primera, de segunda, de cuarta; cómicos y no tanto, travestis y gays con la cara desfigurada por cirugías, un público dispuesto a aplaudir y el conductor más exitoso de la tele; todo bañado en luz rosa chicle y condimentado con peleas entre el jurado y los participantes. El combo no puede fallar.

Entonces, bajo esa lógica, el estudio de Ideas del Sur es ése lugar mágico, donde todo parece posible. Y debo reconocer que todo se ve tan perfecto, que hasta la vereda de la productora, con todas sus baldosas derechitas, ni caca de perro tiene.

Bailarinas y un jurado de lujo

Aún falta una hora para que empiece el show y las bailarinas practican coreografías. Al principio lo hacen sin música, luego con la melodía. Parece que les molesta la tanga, porque se la sacan de la cola a cada rato. Caminan sin mucho “glamour” cuando se apaga la cámara, casi como un changarín de puerto. Eso sí, son flaquísimas.

Al verlas, una chica de más o menos 15 años que viene de una barriada de San Justo le comenta a otra: "Yesssica, no te preocupes que nosotras tenemos en forma natural lo que a ella les falta". Otro de sus amigos le dice: “¿qué, panza?".


 


Jorge Lafausi es el primero en llegar al panel del jurado. La gente lo saluda. En diez minutos lo van a abuchear y él hará la pantomima del malo. Es el William Boo de “Bailando…” Hay una cuestión interesante: si Lafausi da toda una explicación negativa y su puntaje es 3, lo chiflan. Ahora, si da un discurso comprensivo o destaca algo y pone un 3, lo aplauden. Las masas son así.

Llega Gerardo Sofovich y corean su nombre, como si fuera un jugador de fútbol. El hombre saluda, sonríe. Esa noche su voz se escucha débil. Un día después lo operarían del corazón. Al poco tiempo llega Carmen Barbieri, con una verdadera sonrisa. Le gusta que la aclamen y se nota. La última en llegar es Moria, que entra por otro lado casi imperceptible. Para no ser menos, la tribuna también la aclama y ella saluda. Lleva un perrito chihuahua con una corbatita, a lo Paris Hilton.

Esquizofrenia, colágeno y siliconas

Marcelo Tinelli aparece en el mismo instante en que comienza el programa. La pantalla del fondo se abre cual telón y él surge casi como Dios, seguido de cerca por sus panelistas, que si no fuera por las bailarinas y la cámara, sólo serían unos losers sin onda. A lo largo de toda la grabación no harán nada para demostrar lo contrario.

El ritmo es frenético y el conductor lo lleva siempre allá, bien arriba. Después baja con el sueño del soñador (sí, es una redundancia) cuando se apaga la luz. Y vuelve a subir. Como los cambios de un auto. Salvo los más tímidos, los famosos devenidos en bailarines salen con actitud de “me como la cámara” y sí, algunos realmente lo hacen.

El estudio, como casi todos los estudios de televisión, es mucho más chico de lo que parece en la pantalla. Pero para ser un set de TV, es realmente enorme. El armado de las luces se impone en el techo y se abre a los costados como una araña de patas gigantes. Hay por lo menos seis cámaras móviles y sólo dos fijas. El movimiento es una constante.

En una "manga" a la derecha están los familiares y pseudofamosos que van a alentar a los que participan. Una fauna de personajes esquizofrénicos, que pasan de la tranquilidad a la locura en medio segundo, saca carteles muy bien pintados. Travestis y gays los siguen atentos. Todo es respetable, este showbiz se nutre en gran medida de ellos.


 


La primera vez

Entre todos ellos, una chica petisita, bronceada y de cabello oscuro asegura: “Es la primera vez que vengo”, pero no suena muy creíble. Lleva unos pantalones negros ajustadísimos y lentes de contacto verdes que le dan un toque reptil a su cara de muñequita.  A los pocos minutos se pierde por los pasillos. Algunas chicas a la silicona, estáticas como escultura de gato egipcio, la miran pasar y no ocultan cierto fastidio.

Tinelli parece de muy buen humor, inclusive fuera de cámara, cuando una marea de ayudantes inunda la pista. Charla con sus productores y tiene un trato muy amable. Van y vienen ayudando al conductor, escriben carteles, se llaman por handy aunque estén a tres metros. La producción está muy aceitada en su trabajo. Puede apreciarse en el producto que hacen: parece un caos, pero todo tiene su lógica y su razón de ser.

Es que en el estudio del programa de televisión más visto de la Argentina, el reino “de los sueños” del que hablaba Romay, todos quieren su lugar y están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de aparecer en cámara. Tinelli es el conductor del momento y sabe cómo mostrarlo.


 


El combo, no puede fallar.

Dejá tu comentario