Evo Morales y el “plan para derrocar al indio de mierda”

*Aunque no sea cierta tal denominación, es posible que el sector oligárquico, racista y autoritario de la oposición esté tramando un golpe.
*En cuanto a Evo Morales, su error es que debió inspirarse en Mandela, pero en lugar de eso siguió por el camino de la lucha de clases.



 


 


 


 


 


El gobierno boliviano afirma haber detectado un complot de la dirigencia opositora destinado a tumbar al presidente Evo Morales; y  dice que la operación ya estaba en marcha con el nombre de “Plan para derrocar al indio de mierda”.


 


Hay algo que parece desmentir la afirmación oficial, y es que normalmente los planes conspirativos tienen nombres en clave, precisamente para no ser detectados con facilidad.


 


Por eso éste complot sería un caso casi único de denominación explícita; lo cual resulta poco creíble.


 


Sin embargo, que no exista una conspiración golpista llamada “plan para derrocar al indio de mierda” no quiere decir necesariamente que no exista una conspiración golpista.


 


En el arco opositor, que abarca sectores de la clase media y de la clase media alta de incuestionable vocación democrática; también militan representantes de la rancia oligarquía “camba” (de Santa Cruz de la Sierra) y una derecha autoritaria y recalcitrante deseosa de tumbar al gobierno izquierdista.


 


Este sector de la oposición no habrá sido tan negligente como para bautizar un plan conspirativo con un nombre que revele al propio plan y su objetivo.


 


Pero la falacia del gobierno se basa en un dato cierto y visible: el poco disimulado racismo de esa derecha oligárquica y golpista, cuyos dirigentes se refieren al presidente como “el indio de mierda”.


 


Por cierto, de los racistas es factible esperar siempre lo peor, incluida una conspiración golpista o un plan secesionista, iniciativas que  pondrían al país en la cornisa de la guerra civil.


 


De todos modos, lo aborrecible de ese sector de la oposición no justifica la radicalización con que el gobierno boliviano colabora a la espiral de tensiones que amenazan con erupcionar como un volcán.


 


La crítica de la que no lo libera la aborrecible supremacía blanca,  es que Evo Morales pudo ser Mandela pero eligió el camino clasista de la confrontación total.


 


Los presidentes vecinos debieron sugerirle seguir los pasos del gran luchador y estadista sudafricano, pero no lo hicieron. Por el contrario, el único consejero que sopló al oído de Evo el plan de acción a seguir, fue el venezolano Hugo Chávez; y obviamente el consejo apunto hacia el choque mediante la exacerbación de la lucha de clases.


 


En Sudáfrica, de no haber existido Nelson Holilala Mandela el fin del apartheid hubiera implicado el estallido de una sangrienta guerra civil.


 


La mayoría negra, que pasó casi medio siglo bajo el opresivo y denigrante régimen de segregación racial impuesto por la minoría blanca, tenía un océano de razones para odiar visceralmente a la etnia explotadora.


 


Hubiera sido comprensible que, al terminar el régimen ideado por el intelectual racista Hendrik Verwoerd en la Universidad de Stellenbosh, los negros se tomaran una violenta venganza.


 


Si eso no ocurrió, fue porque el máximo líder del Congreso Nacional Africano (CNA), desde su inmensa autoridad moral y política, contuvo ese revanchismo y lo canalizó en la democratización del país.


 


Mandela había pasado más de dos décadas en la celda número cinco de la prisión de Robben Island, una minúscula pocilga de dos metros por dos metros treinta, y tres metros de altura. Sin embargo, al salir de esa cárcel concebida para deshumanizar a los cautivos, el luchador había crecido en sabiduría y magnanimidad.


 


Frederik de Klerk, el último presidente del Partido Nacional, había entendido que la única forma de salir del despreciable sistema de segregación racial sin caer en una guerra civil, era poniendo a Mandela al frente de la transición democrática.


 


Por supuesto que lo confirmaron las urnas en la primer elección libre en la que votó el pueblo negro. Y hoy Sudáfrica es el más pujante de los países emergentes.


 


El pueblo indígena de Bolivia ha sufrido desde siempre el racismo y la segregación de la minoría blanca. Por eso el paso que debía darse para la genuina democratización (el primer gobierno de mayoría indígena) estaba cargado de peligros.


 


Lula y Kirchner debieron aconsejarle a Evo Morales seguir los pasos de Mandela. No lo hicieron y el presidente boliviano escuchó al líder venezolano que lo dirigió hacia la lucha de clases.


 


¿Justifica esto el racismo golpista y autoritario de un sector opositor? Obviamente, no. Y entre esa espada y esa pared quedó atrapada Bolivia.

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