Existe la evidencia de que el aceite de oliva es útil para reducir la hipertensión arterial

El consumo de grasas monoinstauradas y especialmente el aceite de oliva favorecen los niveles de presión o el riesgo de hipertensión. Esta aseveración la sostiene la  Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC), agregando que existen estudios epidemiológicos y de laboratorio que así lo indican. Además, para ampliar el tema, SIIC invitó a incorporar en sus bancos de datos internacionales la experiencia de un especialista de Navarra, España, Jorge Alonso.



La hipertensión arterial es uno de los principales problemas de salud pública, tanto por su elevada prevalencia como por el impacto que tiene sobre la salud cardiovascular de la población. Afortunadamente, distintos factores del estilo de vida, como mantenerse físicamente activo o controlar el peso, pueden contribuir a su prevención.



En cuanto a la dieta, se ha demostrado claramente que  la presión arterial disminuye cuando se siguen las siguientes recomendaciones preventivas: reducir la ingesta de sodio y alcohol y aumentar el consumo de frutas y verduras.



No está tan claro, sin embargo, qué papel juegan las grasas en general en la hipertensión arterial. No obstante, sí  parece evidente que un tipo particular de grasas, las grasas monoinsaturadas (aquellas con un único enlace doble en su cadena de átomos de carbono), pueden ser un ingrediente a añadir en la receta para la prevención.



Controversias



Durante los años ’80 y principios de los ’90, diversos estudios epidemiológicos efectuados principalmente en los Estados Unidos no encontraron ninguna asociación beneficiosa entre la ingesta de grasa total y de sus distintos subtipos y los niveles de presión arterial. Más aún, algunos referían un posible incremento del riesgo de hipertensión arterial (HTA) asociado a una mayor ingesta de las grasas monoinsaturadas.



Al contrario, posteriormente, en poblaciones del sur de Europa otra investigación comprobó que un alto consumo de grasas monoinsaturadas parece asociarse a un menor riesgo de HTA.
Esta heterogeneidad en los resultados podría explicarse por el distinto origen dietético de las grasas en ambas regiones. En los Estados Unidos y el norte de Europa la mayor parte del consumo de grasas monoinsaturadas procede de productos cárnicos, acompañándose de un elevado porcentaje de grasas saturadas, mientras que en el sur de Europa el aceite de oliva representa la mayor fuente de ellas.



Asignan relevancia al aceite de oliva



Merecen especial  atención dos estudios poblacionales en regiones mediterráneas. El primero fue realizado en Grecia, donde  se valoró simultáneamente la dieta y la presión arterial de más de 20. 000 individuos. Aquellos con un elevado consumo de aceite de oliva, presentaban cifras más bajas de presión arterial tanto sistólica como diastólica.



Más recientemente, un estudio llevado a cabo en España encontró que especialmente los varones, con un alto consumo de aceite de oliva, tenían un riesgo menor de presentar HTA. La investigación,  dirigida por la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, está siguiendo a más de 16 000 graduados universitarios para valorar la asociación entre la dieta mediterránea y sus componentes, y el riesgo de hipertensión arterial, obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular.



También se realizaron ensayos en laboratorio sobre voluntarios que, al igual que los citados precedentemente, revalorizaron al aceite de oliva por su capacidad de disminuir la presión arterial, especialmente el aceite de oliva virgen (no refinado)



Por último, es interesante señalar la existencia de un ensayo clínico en el que un grupo de hipertensos recibió una dieta rica en aceite de oliva o en aceite de girasol (rico en grasas poliinsaturadas). Quienes siguieron la dieta rica en aceite de oliva necesitaron menos medicación antihipertensiva.


Porqué el aceite de oliva previene la hipertensión arterial



En primer lugar, es probable que una ingesta elevada de grasas monoinsaturadas produzca un cambio favorable en el perfil lipídico de las membranas celulares.



Otro posible mecanismo deriva de la resistencia del aceite de oliva a la formación de compuestos polares cuando se utiliza para freír alimentos.



Los compuestos de este aceite, gracias a su efecto antioxidante, pueden inhibir la producción de especies reactivas de oxígeno. Justamente, estas especies, causan disfunciones y a largo plazo es posible que conduzcan a la hipertensión.

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