Crisis moral

Escribe Fabián Doman

Antes, para jugar un partido de fútbol, eran imprescindibles los jugadores y un árbitro. Hoy, la Policía. La gente en el Conurbano pide a gritos que le envíen gendarmes a su barrio. Ese mismo reclamo se hizo nacional en la última semana, no sólo en boca del ciudadano común, sino de los propios gobernadores. Se dice que el delito se combatirá con "más policías en la calle". Cuando no hay policías la sociedad privatiza la seguridad: countries, barrios privados, shopping, edificios departamentos y empresas custodiadas por verdaderos ejércitos de seguridad privada.

¿A qué se debe semejante despliegue de efectivos públicos y privados? El abogado Marcelo Parrilli ha acuñado un concepto interesante: dice que la sociedad argentina tiende a "penalizar" todas las conductas. A judicializarlas. Cualquier conflicto en el ámbito que sea –político, económico, deportivo y hasta del espectáculo- siempre termina con un "voy a llamar a mis abogados". No hay respuestas en los ámbitos privados. No hay capacidad de diálogo. No hay sentido de la otredad. De respetar, pero por sobre todas las cosas, de entender y convivir con el otro.

Una sociedad no vive de las reglas jurídicas. Ni de las leyes. Parafraseando a los grandes pensadores del contractualismo como Thomas Hobbes, John Locke o Jean Jacques Rousseau, las sociedades se dan un "contrato social" que les marca las pautas, entre ellas, morales, de las cuales luego surgirán las jurídicas –la Constitución como ley madre- que las regirán. La clave pasa por el contrato social. Por la voluntad de convivir en sociedad.

¿Cuál es el contrato social que nos une hoy a los argentinos? Para comenzar, adhiero a la escuela de los que creen que todo contrato social va de la mano con un contrato moral previo o contemporáneo. Sin esa telaraña social y moral no hay sociedad que pueda funcionar como tal. Podríamos decir que es inaceptable que la falta de policía en la calle convierta al país en el caos que fue. O que 5.000 hinchas de un club tomen el Obelisco e intenten destruir un local de McDonald's  porque un "festejo en Argentina tiene que terminar así: mal", como dijo en C5N uno de los convocados.

Es verdad que algunos casos -demasiados- las huelgas policiales estuvieron acompañadas de la declaración de zonas liberadas, más el aliento extraoficial de las fuerzas para que ciertas bandas muy bien organizadas acicalarán y fomentaran los saqueos (hay filmaciones que lo confirman, sobre todo en Córdoba con las imágenes de las motos y camionetas en formaciones especiales).

Se sale a robar, a saquear, no alimentos, sino artículos de alto valor para su venta posterior y encima se los sube a Facebook, en una actitud de doble sentido. Por un lado, se los pone en venta, "en el mercado". Por otro, revela que una parte de la sociedad "robar" a los comercios de los que "tienen" no está mal. Está bien. Es un orgullo social.

La Argentina tiene problemas económicos: inflación, dólar, gasto público, etc. Pero no al punto que devengan en una crisis social. Sí en una crisis moral: la de un sector de la sociedad, minoritario, que cree que un argentino puede saquear a otro argentino y que eso no está mal. Está bien.

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