"Sus semillas ya están sembradas entre el corazón de millones de personas"
Escribe Gustavo Vera (*)
Habían pasado algunos años desde que conocí a Jorge Bergoglio y ya habíamos compartido varias luchas en común a favor de las víctimas y contra la trata de personas y las mafias. En La Alameda todos estábamos asombrados por su simpleza, por su consecuencia, por su capacidad de escuchar y contener a las víctimas, por sus hábitos de vida humilde muy diferentes a otros obispos que habíamos conocido.
Ya en confianza, una vez le pregunté: "Decime la verdad, Jorge, ¿cómo hiciste para llegar hasta acá con tu forma de ser y de comprometerte con los más pobres?". Y él me respondió: "Cuándo era seminarista un viejo sacerdote me dio un consejo y me dijo: 'Mirá, pibe, si querés perdurar en la Iglesia tenés que pensar claro y hablar oscuro'".
La diferencia extraordinaria de semblante entre el Bergoglio que conocimos en Buenos Aires y el Francisco que hoy vemos deslumbrar en Roma tiene que ver con que hoy, por vez primera, Francisco puede pensar claro y hablar claro. Y sólo con eso, ha iniciado una revolución del sentido común que hoy conmueve al mundo.
Francisco es un mensaje de reconciliación a través de la cultura del encuentro, mediante la cual bucea entre todas las filosofías y religiones, buscando los comunes denominadores a escala de valores que permitan caminar juntos en aras del bien común.
Nos ha enseñado que cualquiera sea la idea o concepción del mundo de una persona de bien, hay que buscar en ella aquellos valores en común que nos unen, en el diálogo y en la práctica en aras del beneficio de toda la humanidad.
Cuando muchos periodistas se preguntan que pasará el día que Francisco no esté más, ni sospechan que sus semillas ya están sembradas entre el corazón de millones de personas que tomarán su causa como bandera, como plataforma de humanidad y que serán el punto de partida para dejar al mundo mucho mejor de lo que lo encontramos.
(*) Es titular de la cooperativa de trabajo La Alameda y legislador porteño.
Francisco es un mensaje de reconciliación a través de la cultura del encuentro, mediante la cual bucea entre todas las filosofías y religiones, buscando los comunes denominadores a escala de valores que permitan caminar juntos en aras del bien común.
Nos ha enseñado que cualquiera sea la idea o concepción del mundo de una persona de bien, hay que buscar en ella aquellos valores en común que nos unen, en el diálogo y en la práctica en aras del beneficio de toda la humanidad.
Cuando muchos periodistas se preguntan que pasará el día que Francisco no esté más, ni sospechan que sus semillas ya están sembradas entre el corazón de millones de personas que tomarán su causa como bandera, como plataforma de humanidad y que serán el punto de partida para dejar al mundo mucho mejor de lo que lo encontramos.
(*) Es titular de la cooperativa de trabajo La Alameda y legislador porteño.
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