Gaza y Cisjordania ante el riesgo de la “iraquización”

*Si Fatah e Israel se siguen equivocando con Hamas, los territorios palestinos pueden desembocar en un caos incontrolable donde, como en Irak, el salafismo y Al Qaeda puedan hacer metástasis.

Cuando Hamás venció a Fatah en las urnas, la razón no fue que la mayoría de los palestinos decidió que es mejor el gobierno ultrarreligioso y que es posible luchar contra Israel hasta que desaparezca del mapa.


 


Lo que ocurrió fue el hartazgo por la ineptitud y la corrupción del gobierno de Fatah, fuertemente contrastante con la eficiencia con que los fanáticos religiosos de Hamas mantienen escuelas y dispensarios, además de realizar asistencia social con prolija administración de los fondos que recibe desde organizaciones religiosas de países árabes.


 


Ahora que Hamás vence a Fatah en la lucha armada, lo que queda en evidencia es que el caos y la desorganización en el partido secular que fundó Yasser Arafat y que lidera el actual presidente Mahmud Abas, alcanza y debilita a sus organizaciones militares.


 


Los milicianos de Hamás fueron más organizados y tuvieron un plan de acción eficiente, por eso derrotaron a los desorganizados milicianos que, en la Franja de Gaza, comandaba nada menos que Mohamed Dahlán, la máxima celebridad en materia de organizaciones policiales y militares con que cuenta el Fatah.


 


No obstante, que haya podido barrer a Fatah de la región palestina que está sobre el Mar Mediterráneo, no implica que Hamás esté en condiciones de vencer a la Fuerza 17, principal organización militar del gobierno de Mahmud Abas en Cisjordania.


 


La realidad es que las fuerzas del presidente Abas no pueden recuperar Gaza, y Hamás no puede conquistar Cisjordania, por tanto el peligro es que se consolide y eternice la separación de los palestinos en dos territorios con dos gobiernos diferentes.


 


Es lo que desea un sector del gobierno israelí y del Tzahal (ejército judío), pero tanto en el espacio gubernamental como en el militar otros sectores entienden que sería trágico para el pueblo palestino y de poca utilidad para la pacificación regional.


 


Ahora bien, está claro que lo que dure Gaza en manos de Hamas puede incubar conflictos en gran escala.


 


Por eso el otro riesgo de la situación actual está detrás de la idea que va creciendo Israel: lanzar una operación militar en Gaza para aplastar al Ezzedim al Kasem y demás milicias fundamentalistas, antes de que éstas organicen ataques al territorio judío.


 


La idea es alentada por el flamante ministro de Defensa, el ex premier y extraordinario militar Ehud Barak. Pero la contraindicación está en la dificultad de combatir a milicianos en espacios urbanos. Si el ejército israelí no pudo aplastar a Hizbolá en el sur del Líbano, donde el combate se dio en espacios abiertos, más difícil aún puede resultarle alcanzar sus objetivos en ciudades como Gaza, que los milicianos pueden convertir en verdaderas ratoneras.


 


Esta es la disyuntiva israelí. No hacer nada implica el riesgo de que en Gaza se incube una infección terrorista mayor; mientras que involucrarse militarmente en el conflicto presenta oscuras contraindicaciones.


 


Al fin de cuentas, ya en la antigüedad el pensador chino Tzun Tzu explicó en su obra “El Arte de la Guerra” que, incluso en las más notorias asimetrías de fuerzas, combatir dentro de ciudades siempre implica riesgos insondables.


 


Lo certifica la historia con ejemplos que van desde las invasiones inglesas a Buenos Aires al descontrol actual en Bagdad, pasando por el ejército alemán derrotado en Stalingrado.


 


Por eso en los inmensos dilemas que ha creado a Israel la caída de Gaza, lo único que está claro es la necesidad de fortalecer al cada vez más debilitado presidente Mahmud Abás, convirtiendo a Cisjordania en lo que hoy no es, en buena medida por culpa de las divisiones, retenes y muros establecidos por los israelíes: un lugar donde sea viable un Estado y la vida y la prosperidad de sus habitantes.


 


El hecho de que, tras disolver el “gobierno de unidad” creado bajo el auspicio saudita, Abas haya designado primer ministro a Salman Fayad plantea una oportunidad inmejorable, por tratarse de un lúcido economista de ideas pragmáticas y especialización en generar eficiencia administrativa y en luchar contra la corrupción.


 


Si Hamás logra infiltrar Cisjordania los palestinos caerían al abismo de una guerra civil, y en ese abismo está el peligro de la “iraquización”, o sea que ese territorio palestino se convierta en un espacio indómito y caótico donde fermenten células del salafismo y de Al Qaeda.


 


Y también puede “iraquizarse” la Franja de Gaza, si una operación militar israelí termina extraviando al ejército judío en urbes que los milicianos pueden convertir en ratoneras.

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