Hallazgo: La mujer que pudo haber cambiado la historia
* En 1970, aún estando en pareja con Isabelita, el General Perón le pidió a un íntimo amigo que busque a un viejo amor oculto.
* Era Giuliana, con quien se había conocido a finales del '30 en Italia.
* Conocé a la mujer que pudo haber torcido el destino de la historia nacional.
La bella mujer que aparece sonriente en esta foto junto a un joven Juan Domingo Perón pudo haber cambiado el destino de la Argentina. En 1970, el ex Presidente en el exilio madrileño llevaba 14 años junto a Isabelita, pero igual convocó a su gran amigo Jorge Antonio para encomendarle una misión mas trascendental para su vida afectiva que para su futuro político. El anciano caudillo tenía 75 años entonces y le pidió a Jorge Antonio que removiera cielo y tierra en Europa con el fin de hallar a Giuliana Del Fiori.
En 1938 había muerto Potota Tizón, la primera esposa del entonces teniente coronel del Ejército Argentino. Un año después, Perón viajó en misión oficial a Europa para informarse sobre el gobierno de Benito Mussolini en Italia y para tomar contacto con oficiales de alto rango del Tercer Reich. A fines de 1939 Perón y Giuliana Del Fiori se conocieron en una fiesta en Roma y se enamoraron perdidamente.
Los biógrafos del caudillo admiten que esta mujer puede haber sido la que mas amó Perón en su vida, y hasta existe una presunción acerca de un supuesto hijo que ambos pudieron haber gestado durante su breve pero fogoso romance a comienzo de los año 40.
Perón entabló amistad con dos italianos durante su estadía en Roma, llamados Ludovico de Camerana y Carlos Manccini. Cualquiera de los dos pudo haber sido quien tomó esa foto, que se supone es el camino que une Roma con los balnearios de Anzio, y uno de ellos fue el presentador de esa joven del sur de Italia. Poco después ella se fue a vivir a la habitación que el Ejército Argentino le alquilaba a Perón en la pensión Weber, Piazza Esquilino 29.
La Segunda Guerra Mundial hacía dificultoso el regreso del joven oficial a la Argentina, quien aprovechó su estadía en el Viejo Mundo para viajar a Barcelona con su nuevo amor. Cuando por fin tuvo vía libre para volver a Buenos Aires, la despedida final a puro tango (lágrimas y promesas de reencuentro que nunca se concretaron) se produjo en Zaragoza.
De regreso a la Argentina, las pocas personas que frecuentaron íntimamente a Perón coincidían en que el caudillo hablaba reiterada y nostálgicamente de aquella despedida en España. No se sabe –aunque hay presunciones al respecto- si antes de 1970 Juan Domingo Perón intentó alguna otra búsqueda de aquella mujer, quien era menor que el caudillo en algo mas de 20 años.
¿Qué hubiera ocurrido en la vida de Perón –y por ende en el destino de la Argentina- si Jorge Antonio en 1970 u alguna misión anterior hubiesen dado con el paradero de Giuliana? Ingresar en el mundo conjetural no es el sentido de este informe. Pero cuando un hombre a los 75 años busca desesperadamente a un amor anterior, no lo suele detener ningún designio humano. Llámese Isabelita o las brujerías de un astrólogo de mala reputación.
“Está escrito en las estrellas / y en cada línea de nuestra palma / que todo hombre tiene que morir”, dicen las estrofas del hermoso tema antibélico de Dire Straits, “Hermanos en Armas”. Seguro que hasta el destino de la Argentina debe estar escrito y por eso el reencuentro de Perón con Giuliana nunca se concretó.
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