La combinación de Cristina: fuertes convicciones políticas y un gusto desmedido por la moda
CRISTINA - COBOS LUNA PARK_047
- La futura presidenta tiene un estilo temperamental, pero sexy y seductor.
- Nació en La Plata y desde Santa Cruz llegó al Congreso de la Nación.
Cristina Fernández de Kirchner construyó su figura pública alrededor de dos parámetros que parecen contradictorios pero que ella supo conjugar: una personalidad segura e imponente con una imagen cuidada y seductora, acompañadas por un discurso fuertemente político.
La todavía primera dama cuidaba su aspecto personal, pero desde que su marido llegó al poder en 2003, lo que parecía una simple obligación protocolar se volvió una obsesión. Carteras caras, cirugías nunca reconocidas pero evidentes, maquillaje detallista y algo exagerado, peinados de peluquería y atuendos exuberantes aunque ubicados.
Cristina Fernández entiende que su imagen es una cuestión tan o más importante que sus ideas. Además de la convicción para lograr un modelo de país “de inclusión con acumulación” a sus discursos públicos suele llevar una cartera Louis Vuitton de 30 mil dólares, trajecitos de 1800 pesos o vestidos de 1000 pesos, y zapatos de 500.
Nuestra presidenta elegida por el pueblo para el cargo además cambió su rostro desde aquellos años que debatía desde el Congreso. Cristina optó por borrar sus arrugas, hacer desaparecer sus ojeras e inflar sus labios. Algunos aseguran que hasta se hizo un lifting por cerca de 4000 dólares.
Con su llegada a la presidencia, el estilo personal de Cristina podría potenciarse, pero su culto al poder no parece enfrentarse al look sexy que cultiva con orgullo y despojo, y su gusto por romper el protocolo no amenaza su deseo de mostrarse diferente.
La mujer de Kirchner no suele juntarse con amigos, pero dedica la mayoría de su tiempo libre a sus hijos y no duda en preparar fiestas en la quinta de Olivos para su hija Florencia y sus compañeras.
Cristina no escribe, no pinta y no se le conocen actividades artísticas, pero le gusta leer literatura (Albert Camus es uno de sus preferidos) y ver películas (afirma que le fascinó “La Vida de los Otros”).
En los próximos cuatro años, ella tendrá la libertad para mantener su imagen impecable y preocuparse por imponer su estilo. Pero su principal desafío, y por lo que los argentinos la juzgarán, será distribuir el crecimiento de estos últimos años, incluir a los pobres, dar trabajo, terminar con la inflación y la inseguridad, y garantizar el funcionamiento democrático de las instituciones.
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