La hipótesis del albañil: ¿chivo expiatorio en el caso Dalmasso?

*Basado en el origen de la frase chivo expiatorio el periodista Jorge Boimvaser da su hipótesis sobre un nuevo capítulo del affaire Dalmasso.
*¿Justicia implacable o un nuevo caso de corrupción política y judicial?

En un excelente y completísimo libro de reciente aparición, “Mitologías del Mundo” (auspiciado por la Fundación Joseph Campbell, quien fuera el mitólogo mas interesante de la historia), se explica el significado de la expresión “chivo expiatorio”.



Aproximadamente es la siguiente: En los primeros días que el hombre habitó sobre la faz de la Tierra, tuvo dos prioridades esenciales. La primera: salir de caza para alimentarse él, su familia y su tribu. Y en segundo término: huir de los grandes depredadores carnívoros que los acechaban en todo momento.



Cuando las bestias acorralaban a las tribus, los sacerdotes o chamanes de las mismas abandonaban en su escape a sus integrantes enfermos o más débiles para que sean comidos por las fieras y así, saciando su apetito, salvar al conjunto de las garras depredadoras.


 


Sacrificar a los mas débiles para salvar a los poderosos ha sido una constante de la civilización. Ya no en el sentido religioso sino en el contexto de las mas bajas miserias humanas.
    

Como afirmaba Campbell, la mitología se convirtió en la puerta de entrada de las religiones como soporte de la espiritualidad de la raza humana. Recordando aquel abandono que hacía el hombre primitivo de los más débiles para salvación tribal, el judaísmo tomó la bandera primitiva y simbolizó el deseo de salvación sacrificando un cordero en forma alegórica a la ancestral costumbre de abandonar a las fieras un chivo expiatorio.



La frase emblemática con la cual el cristianismo representa el sacrificio del Cristo es “… Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.



Desde entonces, sacrificar a los mas débiles para salvar a los poderosos ha sido una constante de la civilización. Ya no en el sentido religioso sino en el contexto de las mas bajas miserias humanas.


 


Aunque algunas tribus modernas –como los Umbandas- continúan ritualizando el sacrificio de animales como presuntas ofrendas a la divinidad, para el judeo-cristianismo el asunto de los sacrificios ha pasado a la categoría simbólica y no práctica.



Pero la bestialidad del hombre no se detuvo y hoy aquella expresión del “chivo expiatorio” sigue aplicándose en diferentes ámbitos del poder.


 


En el caso García Belsunce, la manipulación de la familia y sus aliados intentó hacer pasar a un ladrón de gallinas (Nicolás Pachelo) como el feroz criminal que llenó de pitutos la cabeza de la pobre María Martha.


 


En la escena cordobesa actual, jaqueada por la indignación popular al ver como nuevamente los poderosos se escabullían de la Justicia por el “affaire” Nora Dalmasso,  el tablero político que acosa al gobernador De la Sota meritaba una movida ajedrecística digna de Bobby Fischer para salvar sus figuras del incendio. Pero en vez de jugar como el genio del ajedrez, quien pareció mover las piezas fue un ícono del cartonero Báez, y el chivo expiatorio que cayó en la volteada fue el eslabón mas bajo de la cadena humana que merodeaba la mansión de los Macarrón. Un humilde albañil –Gastón Zárate- sería el nuevo chivo expiatorio en esta historia en la cuál no podía estar ausente el famoso y bien renombrado humor cordobés.



Si en estos cuatro meses que transcurrieron desde el crímen casi diez mujeres echaron de sus viviendas a sus maridos por reconocer que mantuvieron relaciones amorosas con la señora de Maccarrón, no es imposible presumir que el albañil haya tenido algo que ver. Pero de ahí al crimen…


 


Si en estos cuatro meses casi diez mujeres echaron de sus viviendas a sus maridos por reconocer que mantuvieron relaciones amorosas con la señora de Maccarrón, no es imposible presumir que el albañil haya tenido algo que ver. Pero de ahí al crimen...    

Y sin subestimar la inteligencia de Zárate, suponer que un humilde trabajador de la construcción haya tenido la perspicacia de dejar impoluta la escena del crímen, a punto tal de hacer intervenir al FBI en el análisis de los restos seminales porque la ciencia local fue impotente para hallar pistas,  pone más en ridículo la acusación que como un manotazo de ahogado del poder cordobés acaba de dictaminarse en medio de una nueva muestra de bronca popular frente a la impunidad que gozan los “ricos y poderosos”.



Eugenio Zaffaroni dijo alguna vez que en el interior del país es moneda corriente reemplazar un cadáver por otro para cambiar la identidad del muerto.



Así que si en este caso se comprueba que se plantó un supuesto asesino como “chivo expiatorio” la ridiculez del escenario montado por la justicia cordobesa sería ya caricaturesca.



Y los argentinos seguiremos azorados frente a la justicia que nos azota.

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