Lo que Irán le dijo a la Argentina

*Hasta que punto es simplemente un mensaje y en que medida puede interpretarse como una amenaza o, por lo menos, como una censura al reclamo que el presidente argentino lleva a la ONU.

Tal como lo dijo y “lo” que dijo no constituyen, en sí mismo, una amenaza. Sin embargo, tanto por su función como por el momento en el que habló, es posible y no descabellado interpretar las palabras del encargado de negocios de Irán en la Argentina como una presión inadmisible de tono amenazante.

Si algo caracteriza a los diplomáticos es el arte de usar palabras para decir nada, o para no decir. Es por eso que sólo se pronuncian cuando sus gobiernos quieren enviar señales contundentes.

De este modo, o bien el diplomático iraní cometió una torpeza poco diplomática o bien hizo lo que su gobierno quería que haga: influir sobre el discurso que el presidente dará en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y como esa influencia implica que Néstor Kirchner no diga lo planeó decir, obviamente equivale a una censura.

De este modo, es factible considerar como un acto censurador plantear a la Argentina que quejarse en la ONU contra Teherán por falta de colaboración en el esclarecimiento de la causa AMIA, equivale a sumarse a los países que quieren una guerra contra Irán.

Días atrás, la teocracia persa respondió a Francia con una amenaza. Pero en ese caso no es cuestionable, porque se trató de una respuesta a la amenaza de guerra que había planteado contra Irán el canciller francés Bernard Kouchner. Y nadie debe escandalizarse porque un país amenace a quienes lo amenazan.

Sin embargo, el caso argentino no es equiparable al francés, por que el presidente Kirchner no planea justificar guerras contra Irán por el controvertido plan nuclear que lleva adelante en sus establecimientos de Boucher, Natanz, Arak e Hizfahán; sino decir al mundo lo que en los últimos años ha venido repitiendo en comunicación bilateral a Teherán.

El mensaje es que para Argentina, el gobierno iraní no está colaborando en forma adecuada con la investigación de la masacre de la AMIA.

De este modo, si Kirchner cambiara su discurso en razón de los dichos del diplomático iraní, incurriría en acto de cobardía que mancharía el honor de la Argentina.

Por cierto, está claro que el reclamo argentino, planteado en la ONU, no es una medida tibia o intrascendente.

Cuando Escocia acusó en una Asamblea de la ONU, al régimen de Muhammar Khadafy de no colaborar con el esclarecimiento del atentado contra el avión de Pan Am que cayó sobre la localidad escocesa de Lockerbie en 1988, se inició el camino a las sanciones contra Libia que, años después y sumadas a otras situaciones, obligarían al régimen de Trípoli a entregar a los terroristas que habían provocado aquella masacre.

En todo caso, lo que está claro es que Irán debe defenderse, no intentando de antemano censurar un discurso presidencial, sino utilizando el mismo palco para refutar la acusación argentina con sus propios argumentos. O sea, explicar por qué el gobierno iraní considera que sí esta colaborando con la investigación de lo que sería el peor ataque externo sufrido por Argentina en su propio territorio.

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