Menos mal que habló el cuerpo de Angeles

Escribe Mauro Szeta.

Cada día que pasa, el caso Ángeles suma más interrogantes. Se anuncian una y mil evidencias hipotéticamente incriminatorias, pero después no hay nada. Se anunció sangre de Ángeles Rawson en el departamento de Jorge Mangeri, pero al final no estaba. Se anunció un pelo del portero en la soga que se usó para atar a la víctima, pero al final no estaba. Se anunció ADN de Mangeri, por contacto en la soga, pero al final no era tal.

A casi dos meses del asesinato de Ángeles Rawson, Jorge Mangeri sigue preso por una prueba fundamental: su ADN apareció en tres uñas de la víctima. A partir de esta prueba, sumada a los arañazos que el portero tiene en su cuerpo, el juez enumera indicios que complican al portero. Pero sin esa prueba genética, esos indicios aislados no tendrían valor como para detener al acusado.

Si nada cambia con el fallo de la Cámara del Crimen Mangeri va camino a juicio oral. El 29 de agosto los camaristas tendrán que resolver si la causa es nula, si el ADN es nulo, y si el procesamiento el portero es infundado.

La expectativa de la defensa está puesta en que la cámara derribe el ADN incriminatorio, la causa caigan por completo y Mangeri recupere la libertad. Si la cámara confirma todo, Mangeri jugará su suerte en un debate oral.

Por ahora prefiere el silencio. No declara y no se somete a los peritajes psiquiátricos. Si bien en lo formal, los jueces no miden esos silencios como pruebas de cargo, lo cierto es que en su intimidad, suman porotos en contra del sospechoso.

Si Mangeri fue el autor, tuvo que ser un crimen "limpio", que no dejó evidencia genética en ningún lugar el edificio, salvo en el cuerpo de la víctima. Hasta ahora, el cuerpo de Ángeles habló, y eso es lo que puede llevar al portero a una condena a perpetua.

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