Se sabe cómo fue, no quién fue

Escribe Mauro Szeta

Se sabe cómo fue, no se sabe quién fue, ni por qué. El crimen de Marisol, en Saladillo, tiene una sola certeza.

Se pudo reconstruir que, caminando por el sendero que utilizaba para hacer ejercicio físico, la víctima fue abordada, atacada a golpes y estrangulada.

La sospecha es que todo pasó ahí. Las trompadas, la dejaron inconsciente. Luego, sobrevino el estrangulamiento manual. No hubo lazo. Hay signos del ataque: los anteojos de la víctima quedaron tirados ahí, a la vera del sendero. Los auriculares, también.

La autopsia reveló además que no hay signos genitales o paragenitales de abuso sexual. La data de muerte es confuso. Los forenses la estimaron entre las 21 del lunes y las 2 del martes. Si fuera así, a Marisol, la mataron cuando ya la estaban buscando y había denuncia policial. Pero los peritos aclararon que la data podría variar y acercarse más al horario de la desaparición, es decir a las 15.30.

El tema es que el cuerpo estuvo en una heladera para conservarlo porque la autopsia estuvo demorada. Todo pasó porque la Morgue de La Plata está cerrada por una decisión judicial en la causa que investiga las muertes en las inundaciones del año pasado. El frío que tuvo el cuerpo pudo alterar la data de muerte.

Lo que no surge aún es el motivo del asesinato y menos quién pudo cometerlo. El marido, que nunca estuvo preso por el caso, parece descartado como probable autor del crimen.

Se habla de una herencia que disputaba Marisol con sus hermanos. Se habla de mucho, pero no hay nada firme. Lo único certero es que Marisol fue brutalmente asesinada, y hasta ahora, el asesino se ríe de todos.

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