Está claro que el dato no es una prueba decisiva en el caso Ángeles Rawson, está claro que no va a modificar en nada la situación de Jorge Mangeri, pero sí está claro que podría aportar en la construcción del perfil del sospechoso.
La historia es así. Hace una semana, un hombre le mandó un mail a la fiscal Paula Asaro donde le recreó una conversación que había tenido su madre con un matrimonio que vive en el edificio de Ravignani 2360.
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De acuerdo con el mail, que el hombre luego ratificó en sede judicial, su madre, que vive en frente del edificio, se encontró en la calle con un matrimonio vecino de Ángeles Rawson. En esa charla, los integrantes de la pareja le reafirmaron su sospecha de que Mangeri sería culpable, y contaron que antes del crimen de Ángeles, una empleada doméstica que trabajaba para ellos, había renunciado al cargo, harta del acoso sexual del portero.
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El matrimonio declaró ahora ante el juez Javier Ríos y ratificó el relato que le atribuían. No sólo confirmaron que su doméstica renunció harta de Mangeri, sino que lamentaron no haberlo denunciado a tiempo.
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Al juez le dijeron lo siguiente: "Si le hubiésemos creído a nuestra mucama, le hubiésemos comentado al consorcio, quizás, hubieran echado a Mangeri, y hoy, Ángeles, estaría viva". Final de la declaración.
Ahora, la tarea judicial es ubicar a la empleada para que confirme o desmienta todo. Si lo confirma, sumará algún elemento más en el perfil del acusado, no mucho más que eso.
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