Si algo le faltaba a la guerra narcocriminal, era una víctima chica, muy chica: una beba de 3 meses. Pasó en San Juan, y el caso no fue portada de los grandes medios, ni horas de tele, ni debate de expertos.
Uma fue una víctima ajena a una guerra narco. Una bala perdida la mató. Ella estaba en la puerta de su casa. Su pecado fue ese, estar en la puerta de su casa.
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Lo concreto es que dos bandas de narcos de la zona se pelearon a tiros. En total, participaron de los tiros nueve salvajes. Hubo tiros para todos lados, a nadie le importó nada. Y Uma terminó muerta.
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En tiempo casi récord, hubo detenciones, tres por ahora, y se anunciaron seis más. En tiempo casi record, la policía sabía nombre y apellidos de los narcos implicados. Y allí viene bien una vieja máxima de Tribunales. Cuando la policía quiere resolver un caso, lo resuelve.
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En general se trata de casos donde los criminales, son delincuentes que la policía deja hacer, salvo que se pasen se la línea.
La muerte de la beba fue pasarse de la línea. Ese crimen no se puede proteger. Entonces, los responsables irán cayendo. Demasiado tarde para lágrimas. Dejar hacer es co-hacer. Si la policía los dejó vender droga, es responsable indirecto del asesinato de la beba.
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