La expectativa de América Latina por el destino de Venezuela

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Para bien o para mal, Hugo Chávez cimentó una relación vital con el continente y las elecciones del que promulgarán un reemplazante al fallecido líder son claves para el destino de la región.

Expectación y preocupación. Esas son, al menos en la previa, los dos mayores sentimientos que despierta la elección presidencial del próximo domingo 14 de abril en Venezuela. Es que, a diferencia que hasta ahora, se pone en juego la continuidad del chavismo –sin Hugo Chávez, fallecido el 5 de marzo- y el futuro del país faro y guía de la política regional en la última década.

Es probable que la eventual victoria de Nicolás Maduro, que se dice "hijo de Chávez" y tiene una historia basada en la fidelidad al antiguo líder, mantenga un perfil más estable que un giro hacia la candidatura de Henrique Capriles; pero en ambos casos significaría un cambio.

Chávez supo dar a la región una integración nunca antes vista. Desde el petróleo venezolano impulsó a los organismos plurinacionales, como Unasur y Celac, y la alianza bolivariana contra el norte: el Alba. Pero no quedó ahí. También creó Petrocaribe, un programa de suministro de petróleo a países caribeños y centroamericanos, y financió proyectos de todo tipo, desde un hospital oncológico en Uruguay hasta un barrio humilde en Nicaragua.

La relación económica con el exterior es un punto clave de su gobierno, por la misma razón lo amaron sus seguidores y lo defenestraron sus opositores: regaló 170.000 millones de dólares a otros países.

Una de las cuestiones a desentrañar es si, llegado un triunfo de Maduro, podrá el sucesor sostener la creación del extinto líder. Y, caso contrario, qué pasaría por ejemplo con Cuba, cuyo destino económico está íntimamente ligado a Venezuela, que reemplazó en influencia lo que fuera la antigua Unión Soviética hasta 1991.

La pregunta no es si Maduro querrá ayudar. La duda, entre los analistas, es si podrá hacerlo. La inflación y la debilidad de la moneda local acucian las arcas venezolanas. Maduro ha prometido una "unión eterna" con Cuba, y algunos ven en ello el compromiso de enviar 100.000 barriles diarios de petróleo. Cuba, a cambio, entrega trabajo de personal médico, educativo y deportivo.

Si el triunfo fuera para la oposición, Capriles ya anunció que cerraría la canilla que goteó petrodólares a la región. Lo que sí sostendría, en cambio, son los planes sociales chavistas.

Si la situación de Cuba es complicada, también está en juego el destino de Nicaragua, que recibe 500 millones de dólares anuales y ha sabido cosechar ya miles de millones en ayuda. Desde 2007, cuando triunfara la Revolución Cristiana, Socialista y Solidaria del sandinista heterodoxo Daniel Ortega, los "nicas" percibieron al menos 2600 millones de dólares. Su presupuesto oficial cuenta con dichos billetes e incluso una barriada céntrica de Managua lleva el nombre de Hugo Chávez.

Desde el Conosur también han apoyado al candidato oficialista. Capriles prometió cobrar la deuda a todos y frenar el chorro de hidrocarburos. Incluso a la Argentina. Cristina Fernández y Dilma Rousseff –a quien se sumó Lula Da Silva- son dos de los mandatarios que ya han expresado su irrenunciable y vital apoyo a Maduro. 

Quizás el único que se ha postulado en favor de Capriles sea Paraguay. Allí, el presidente, Federico Franco llamó ilegítimo a Maduro, en respuesta a la misma ilegitimidad que le propulsara Chávez cuando destituyeran al ex presidente guaraní y aliado continental  bolivariano, Fernando Lugo, en 2012. Fue Venezuela el que impulsó el aislamiento de Paraguay en los organismos internacionales del sur. Y Franco no olvida eso. 

La elección del domingo pondrá en juego el mapa geopolítico de la región después de Chávez. 

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