EE UU: crece la violencia en el estado de Misuri por el crimen de un joven afroamericano

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Dos periodistas y un concejal fueron detenidos en la cuarta noche de enfrentamientos entre policías y manifestantes tras el asesinato de un chico de 18 años a manos de un policía.

Los periodistas Wesley Lowery, del diario Washington Post, y Ryan J. Reilly, del Huffington Post, fueron detenidos dentro de un local de comida rápida en la localidad de Ferguson, estado de Misuri, donde intercambiaban información con otros colegas cuando la policí­a ingresó y ordenó que abandonaran el lugar porque no podí­an garantizar su seguridad.

Ambos cronistas fueron puestos en libertad poco después sin que se le efectuaran cargos e inmediatamente los editores de sus medios condenaron su detención por considerarla "completamente injustificada".

Otro que también fue detenido el miércoles es Antonio French, un concejal de San Luis que había documentado hasta el momento las protestas en Twitter, informó su mujer en la red social.

Mientras tanto y como una demostración de la importancia que alcanzaron los hechos, la Casa Blanca informó que el presidente Barack Obama recibió anoche información detallada de la situación en Ferguson por parte del fiscal general de la nación, Eric Holder, y volverá a analizar un nuevo informe hoy por la mañana.

Por su parte, la policía local, con uniforme y vehículos de apariencia militar, usó nuevamente gases lacrimógenos para dispersar las protestas y algunos manifestantes aseguraron que recibieron el impacto de balas de goma.

Los agentes justificaron las acciones alegando que fueron atacados con cócteles molotov y ladrillos.

Desde el domingo, cuando comenzaron las protestas, la policía de Ferguson efectuó 47 detenciones.

La muerte de Michael Brown, de 18 años, desarmado, las versiones contradictorias de la policía y los testigos y la negativa a informar la identidad del agente que cometió el asesinato forman parte de la tensión en una pequeña localidad en la que dos tercios de la población es afronorteamericana pero los polí­ticos y los agentes de policía son mayoritariamente blancos.

El grupo de legisladores afronorteamericanos del Congreso pidió al Departamento de Justicia que investigue exhaustivamente la muerte del joven Brown.

Por lo pronto, las autoridades locales y el FBI iniciaron dos investigaciones separadas.

La policí­a de Ferguson insiste en no informar la identidad del agente que mató a Brown con el argumento de preservar la seguridad del efectivo y la de su familia.

De acuerdo a la versión de los agentes, cuando el sábado pasado ocurrió el asesinato, el joven iba desarmado pero atacó al policía e intentó quitarle la pistola.

Sin embargo, algunos testigos niegan ese relato y aseguran que el joven, al que su familia describe como tranquilo, tenía las manos en alto cuando el agente le disparó en repetidas ocasiones.

Este gesto, las manos en alto, y la consigna "Manos arriba, no dispares" son las que protagonizan las protestas desde el domingo, en cuatro jornadas en las que los manifestantes –la mayoría afronorteamericanos- van al lugar del asesinato para pedir justicia.

Dorian Johnson, un amigo que acompañaba a Brown cuando ocurrió el hecho, dijo que los dos caminaban por el medio de la calle junto a un complejo de departamentos cuando el agente policial les ordenó que usaran la vereda, lo que generó una discusión.

"No hicimos nada a nadie, ni llevábamos armas en absoluto, solo caminábamos y manteníamos una conversación", contó Johnson al periodismo.

El asesinato desató de nuevo el debate racial en Estados Unidos, que todaví­a recuerda el caso de Trayvon Martin, un adolescente afronorteamericano que murió a manos de un vigilante voluntario que le disparó en el estado de Florida, en 2012.

La familia de Brown eligió al abogado Benjamin Crump, el mismo que representó a la familia de Martin, el que ayer criticó de inmediato la decisión de la policía de no revelar el nombre del agente.

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