La Muralla China se desmorona y podría dejar de existir

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  • El accionar del hombre y la naturaleza son las principales causas del deterioro de la Gran Muralla.
  • En grandes sectores ya es apenas perceptible y en otros ha dejado de existir.

En veinte años el trazado de la Gran Muralla China "podría desaparecer por completo", especialmente en el oeste del país, según lo publicado por el diario La Vanguardia de España.


 


En grandes sectores del oeste de China, la muralla es apenas perceptible o, lo que es peor, ya no existe.


 


El deterioro de la muralla es atribuido a la acción humana y a la erosión que desde hace varios siglos la afecta.


 


Efectivamente, la muralla tiene, en algunos sectores, hasta 2000 años de antigüedad. Históricamente separaba dos mundos; al sur los territorios válidos para la agricultura (China), y al norte las zonas dominadas por los pueblos pastores de la estepa.


 


Militarmente la muralla es la máxima expresión arquitectónica de la lucha secular entre nómadas y agricultores. Su longitud se estima entre 5000 y 6500 kilómetros, dependiendo de donde se empiece a contar.


 


En la época del máximo apogeo imperial chino, con la dinastía Ming, se considera que su punto más occidental comenzaba en la fortaleza de Jiayuguan, en la actual provincia de Gansú.


 


En el 2000, un argentino llamado Diego Azubel caminó a lo largo de toda la muralla desde Jiayuguan hasta el mar: 4000 kilómetros. Azubel fue el primero en recorrerla a pie y, por ende, es el indicado para hablar acerca de su estado.


 


"Poco después de Jiayuguan, la muralla casi desaparece, es una línea de adobe, hay muchos puntos en los que es tan bajita que si no te dicen que eso es la Gran Muralla, ni te das cuenta", explica Azubel, que tardó quince meses en realizar su recorrido, nueve de ellos en solitario.


 


Lo primero que hay que comprender es que la muralla se construía con los materiales existentes en el terreno que podía estar constituido por una arcilla muy fina formada por polvo de roca, esos materiales son mucho más frágiles y perecederos que el ladrillo o la piedra.


 


Esa es la principal razón de que en amplias zonas del oeste de China, la muralla haya desaparecido, sea una caricatura apenas perceptible de lo que fue, o esté tan deteriorada, mientras que más cerca de la costa, donde dominan el ladrillo y la piedra esté mucho mejor conservada.


 


De oeste a este, después de Gansú la muralla transcurre por la también árida región autónoma de Ningxia; "allí hay una zona de montaña en la que la muralla está construida con roca, ese sector también está muy deteriorado", explicó Azubel.


 


"Hay una sección en la que la muralla ha desaparecido por completo y sólo la puedes deducir a partir de toda una serie de torres sin conexión entre ellas", explica el caminante.


 


"Desde Pekín hasta el mar, la muralla existe en un 80 por ciento", dice Azubel, residente en Pekín, que ha dedicado una página web con esplendidas fotografías a su pequeña hazaña.


 


A lo largo de su viaje el argentino vio campesinos que habían abierto agujeros en la muralla para acceder a sus campos, que usaban la muralla como límite para sus propiedades, pastores que usaban las torres como establo o refugio, rebaños de cabras que pastando entre los matorrales surgidos entre las piedras iban provocando su desmoronamiento, y hasta niños haciendo agujeros en ella para cazar lagartijas.


 


La naturaleza y el hombre han castigado a la muralla, quizá por el vano propósito al que sirvió: establecer un límite en un espacio infinito y manifiestamente imposible de controlar.

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