Confesar la verdad para ganarle a los buitres

El referente de UNEN y ex presidente del Banco Central da cuenta de la diferencia entre lo declamado y lo realizado en el proceso de renegociación de la deuda defaulteada en 2001.

Escribe Alfonso Prat Gay (*)

Este fue el pecado original de la renegociación de la deuda del kirchnerismo: anunciar la quita más grande de la historia al tiempo que se comprometían pagos superiores a la aspiración de los propios bonistas. Néstor Kirchner alumbró un criterio que el gobierno repetiría con cada acreedor (FMI, Repsol, Club de París): pagar de más antes que negociar. El purgatorio que mantiene a Argentina en el descrédito internacional y en un perverso círculo en que cuanto más paga, más debe, es hijo de aquella contradicción.

Era previsible que esta primera mentira del relato, redituable políticamente al principio, se estrellara con la realidad. Ese choque tuvo lugar en la justicia neoyorquina. Si la Corte Suprema de los EE.UU. ratificara los fallos favorables a un pequeño grupo de bonistas que aprovecharon el relato mentiroso de "la quita más grande de la historia" para victimizarse, éstos y otros acreedores obtendrían un resarcimiento tan exorbitante que Argentina podría terminar pagando más de lo que debía antes de entrar en cesación de pagos.

Un fallo tan injusto enlodaría el prestigio de la Justicia estadounidense. Semejante desenlace solo podría entenderse como el fruto de la obstinación en la mentira de un gobierno que creyó que podría engañar a todo el mundo. El vehículo financiero que permitió abrochar aquella mentira (la de "pago mucho pero digo que pago casi nada") fue el cupón del PBI de 2005. A través de él, se reintegraba la quita a los bonistas a medida que Argentina, como tantas veces antes, recuperara el sendero de crecimiento previo a la crisis económica de 1998-2001 (Kirchner se comprometió a resarcir a dichos bonistas con hasta 48 centavos por cada dólar de bono entregado al canje -48%- por medio de pagos acelerados del cupón que empezaban mucho antes de que recuperásemos el nivel de actividad anterior a la crisis). No fue un premio que pagaríamos con desarrollo sino un pago encubierto que erogaríamos tan pronto como volviéramos a emplear los recursos productivos que entonces se encontraban ociosos.

En lugar de obstinarse en la mentira del relato, la defensa argentina debió explicarle al juez Thomas Griesa y a la Corte de Distrito de Nueva York que la estructura del cupón garantizaba a los bonistas del canje una masa de pagos que efectivamente extinguiría la quita original, un tratamiento privilegiado comparado con el dispensado a acreedores en otras experiencias históricas – la más reciente, la de Grecia, obtuvo una quita verdadera del 54%, por ejemplo.

Esta obstinación demagógica ya nos costó dos derrotas judiciales. Ahora, para revertir el fallo, el gobierno debe decir la verdad. En vez de golpearse el pecho y enviar a legisladores a "convencer al arco político estadounidense de que el sistema financiero mundial se cae si la Corte nos baja el pulgar", hay que explicar que ya es mucho lo que nuestro país se ha comprometido a pagar y que sería injusto que algunos acreedores cobren todavía más.

Esto argumenté en este juicio como "amigo de Argentina" hace más de un año. Es lo que debería explicarle el gobierno al Procurador estadounidense si la Corte le pide opinión. Es lo único que puede evitar el triunfo de los buitres sobre la justicia estadounidense y el pueblo argentino, que es quien terminaría cargando con tan injustificables errores.

(*) Alfonso Prat Gay es ex presidente del Banco Central de la República Argentina y ocupó una banca en la Cámara de Diputados de la Nación. Es uno de los referentes del Frente Amplio Unen y pre candidato a la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
Fuente: www.alfonsopratgay.com

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