Conflicto social, democracia y política
El diputado de Nuevo Encuentro da cuenta del encuentro entre Cristina Kirchner y Mauricio Macri y la forma en que lo reflejaron los medios hegemónicos.
Es en este contexto mundial que la oposición local habla del aislamiento de Argentina, promoviendo un retorno a las alianzas subordinadas de nuestros países, bajo la órbita de EE UU. Cuando Macri convoca desde su fundación Pensar a Sebastián Piñera, Mario y Álvaro Vargas Llosa, José María Aznar y Mariano Rajoy o Corina Machado está revelando sus relaciones con una derecha continental y mundial cuyo proyecto es antagónico al de los gobiernos democráticos y populares de los países latinoamericanos.
Es por eso que la contraposición que se hace entre Macri, quien al igual que los otros líderes y voceros de la oposición sería un adalid del dialoguismo, la nueva política y el consenso, y Cristina Fernández, como una presidenta autocrática y caprichosa que aísla a la Argentina del mundo sumiendo al país en una debacle, es un verdadero relato fantástico con el fin de incidir en la formación del sentido común de masas. A su vez, esa línea argumental choca con los virulentos artículos de la prensa escrita, de los exaltados opinantes radiales o los exasperados comentaristas televisivos. Es que según esa prensa, sería inaceptable que expresiones incompatibles como la autocrática presidenta y el muy dialoguista jefe de gobierno se unan siquiera en la inauguración de una obra común.
El jefe de gobierno -despejado de su hojarasca discursiva- evidencia prácticas muy distintas al diálogo que su boca pronuncia como un mantra. Que lo digan, si no, los legisladores de la Ciudad que han sufrido en los años del ingeniero más de 118 vetos, todo un récord nacional en esa materia. O pueden dar fe de su dialoguismo los pacientes psiquiátricos del Borda y sus médicos, tanto como los ocupantes de la Sala Alberdi del Teatro San Martín. Como expresión de la derecha política más retardataria aunque cubierta con una piadosa cosmética posmoderna, Macri demuestra a cada paso su inspiración autoritaria, represiva y excluyente.
El kirchnerismo, en el otro polo ideológico, ha generado una apertura hacia la democratización de la vida social por distintas vías: políticas de ampliación de derechos para los núcleos sociales más vulnerables y los sectores medios; de Memoria, Verdad y Justicia; de reconocimiento de la diversidad; de creación de trabajo; de integración regional y de soberanía colectiva frente a los poderes fácticos, locales y globales que representan el núcleo de la negación de la democracia.
La inexistencia de conflicto es un planteo ideológico y propagandístico típico del sofisma griego. Esta semana fui testigo de la asunción del presidente Sánchez Cerén, en la hermana República de El Salvador. El nuevo mandatario, antiguo guerrillero revolucionario del FMLN, dirige una sociedad partida y arrasada por la pobreza, pero con una fuerte voluntad política de continuar la profundización de un proceso de justicia social y democratización frente a la presencia de una derecha brutal. El ejemplo es interesante, ya que en ese proceso democrático con contradicciones tan extremas se corren las brumas de los formalismos, dejando al desnudo las conflictividades inevitables de la lucha por la hegemonía.
Frente al ilusionismo de una sociedad sin conflicto y a la falsedad maniquea que nos plantea la concreción de un contubernio escabroso entre una señora tirana y un señor republicano, es preciso poner en el centro del debate los alcances y contenidos de la democracia conquistada, que habrá que continuar ampliando con la participación cada vez más activa de nuestro pueblo.
(*) Juan Carlos Junio es diputado nacional por el Frente Nuevo Encuentro
fuente: www.juancarlosjunio.com.ar
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