El 10 de diciembre de 1983 se "inauguró" la democracia
El diputado socialista en el Frente para la Victoria advierte sobre las características del proceso democrático abierto en 1983 y las carencias heredadas.
Hubo en nuestro país, entonces, una larga lucha popular por la memoria y la justicia. Por una auténtica democracia, en definitiva. En ella cumplieron un rol preponderante los familiares de las víctimas, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, y otros organismos de defensa de los derechos humanos. Pero también tomaron parte activa de ella, infatigablemente, miles y miles de luchadores políticos y sociales, trabajadores, intelectuales, artistas populares. Así lo atestiguan las movilizaciones multitudinarias, innumerables publicaciones, canciones, películas.
Lo más genuinamente democrático de nuestra sociedad puso durante quince años el cuerpo y la mente en una causa inspirada por la más pura vocación de justicia. Esa vocación se estrelló, lo sabemos, contra el poder político, que durante el gobierno de Carlos Menem llegó a indultar a los pocos que habían sido condenados o procesados en los primeros años de la democracia. Pero esa militancia pudo desarrollarse gracias, precisamente, a que estaban garantizadas las libertades democráticas.
La última dictadura, sin embargo, había dejado otras secuelas, que se profundizaron, durante el lapso en que se aplicaron en el país las políticas económicas del Consenso de Washington: pobreza, indigencia, desempleo, profundas carencias en materia de educación pública, de salud, retroceso en los derechos laborales, un estado desmantelado y ausente. Así fue como llegamos a ese fondo del pozo económico y social que representó diciembre de 2001.
Con esa catástrofe pesando todavía sobre nuestra sociedad, se inició el gobierno de Néstor Kirchner, que ya en su discurso de asunción anunció el cambio que en efecto iba a sobrevenir. Hay que decir que la nueva época política que se puso en marcha en ese 2003 proporcionó finalmente el clima político propicio para que se anularan las leyes que protegían a los terroristas de Estado y se abriera paso a la justicia.
Como sabemos, el fin de esa mochila que pesaba sobre nuestra democracia estuvo lejos de ser el único cambio traído por ese proceso, que todavía está en marcha. Por el contrario, se han generado notables avances en diversos campos, y es difícil agotar la nómina de los derechos que se han ampliado. La economía del país ha crecido, a despecho de los embates de la crisis global del capitalismo, y lo ha hecho con inclusión social: todos los índices que convierten en estadísticas el padecimiento de las clases populares, se han reducido drásticamente en los últimos diez años.
Personalmente, creo que el ideal de profundización y consolidación de la democracia es inseparable de la aspiración a la igualdad social. En eso está la democracia argentina, en este trigésimo aniversario. Sería una necedad no decir que lo que falta es mucho más que lo que se ha hecho, y que los escollos son enormes. Pero estamos en el camino. Si insistimos en él, podremos mirar el futuro con optimismo.
(*) Jorge Rivas es diputado nacional socialista en el Frente para la Victoria
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