En defensa del consumo popular


Escribe Javier Cernadas

Analizar profundamente las causas de la tensión de precios en la Argentina nos obliga a concebir a la concentración de la oferta como uno de los principales factores, aunque no el único, a tener en cuenta.

Pocas empresas controlan, por sus posiciones dominantes en el mercado, tanto la producción como la comercialización, otorgándoles un lugar predominante en la formación de precios de la economía argentina.

Es por ello que debemos tener en cuenta los márgenes de rentabilidad de todos los actores que participan en la cadena de valor, incorporando también al análisis a los bancos y entidades financieras que obtienen grandes ganancias en corto plazo y sin mucho riesgo a través de elevadas comisiones por ventas con tarjetas de crédito.

Otra causa que tiene incidencia en la tensión de precios o puja distributiva, ha sido que la expansión de la oferta de bienes no acompañó totalmente el crecimiento del consumo debido a estrategias cortoplacistas por parte de las empresas que, en un mercado oligopólico atravesado por la crisis internacional, prefirieron responder a una mayor demanda con aumentos de precios en lugar de una expansión de la producción.

A lo anteriormente expuesto, debemos sumarle la denominada "inflación importada", porque son los mercados internacionales los que determinan los precios de los productos agropecuarios que nuestro país exporta y que a su vez consume. Es por esto que, de no mediar intervención estatal, el mercado interno compite con el exterior para hacerse de la producción nacional. A su vez, los precios domésticos tienden a igualar a los internacionales, que han sufrido notables incrementos alcanzando niveles record.

De allí la importancia que en su momento tuvo dar la discusión por la 125: más allá de ser una herramienta fiscal, buscaba desacoplar los precios externos a los locales y resguardar la soberanía alimentaria nacional procurando que la elevada cotización internacional de la soja, principal producto exportable argentino, no desincentivara la producción de otros cultivos que sí constituyen parte importante de la canasta alimentaria argentina.

En este contexto, el lanzamiento de la tarjeta destinada a financiar compras en supermercados junto con la decisión de extender el congelamiento de precios hasta el 31 de mayo, buscan garantizar la estabilidad de los precios de bienes de consumo masivo administrando rentabilidades, no solo por parte de los formadores de precios sino que, a su vez, incorpora un actor decisivo: el sector financiero y sus elevados intereses y comisiones.

En primer lugar, la prolongación del Acuerdo de precios eliminó todo tipo de especulación en torno al "Día 61", del que muchos analistas decían desconfiar. La incertidumbre que se pretendía generar ha quedado desvirtuada frente a la extensión del Acuerdo, la estabilización de los precios y el crecimiento sostenido de las ventas, lo que revela la confianza de los consumidores y el respaldo a la iniciativa gubernamental.

Por otro lado, la SuperCard, que estará disponible en abril y será extendida por los propios supermercados nucleados en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), supone una complementación con el Acuerdo de Precios en tanto disminuirá la carga financiera que implica la venta con las tarjetas de crédito tradicionales (del 3 al 1 por ciento) y permitirá a las cadenas absorber un incremento en el precio mayorista sin que sea trasladado a los consumidores.

Para tal fin, además de los supermercados, se incorporan las compañías de seguros, ya que se creará un fideicomiso que fondeará el lanzamiento de la tarjeta y con esto se avanza en el cumplimiento del "inciso K" que exige a las aseguradoras redireccionar un porcentaje de sus inversiones hacia la economía real, reduciendo así la especulación financiera.

Una vez que se encuentre en funcionamiento la tarjeta, la Secretaría de Comercio Interior analizará cada uno de los sectores productivos y autorizará aumentos en los canales mayoristas que no se verán reflejados en los precios finales.

La SuperCard podrá tramitarse con la sola presentación del DNI, un servicio y comprobante de ingresos en las cadenas adheridas y podrá ser utilizada en Carrefour, Coto, Día, Disco, Jumbo, La Anónima, Libertad, Vea y Walmart, pudiéndose incorporar luego los supermercadistas chinos y los del interior del país.

A su vez, la nueva tarjeta redunda en beneficios para sus usuarios, disminuyendo considerablemente la tasa de interés por saldos que cobran las entidades financieras en la actualidad, la cual se encuentra en torno al 60 por ciento. El máximo establecido para la SuperCard será una tasa del 22 por ciento anual, según explicitó la Subsecretaria de Defensa del Consumidor "Pimpi" Colombo.

Para concluir, podemos destacar que, así como desde la ortodoxia económica se afirmaba que el Acuerdo de precios no funcionaría, hoy se pretende asociar a la Supercard con presuntos negocios millonarios o estafas a los consumidores, con predicciones sobre el rápido fracaso de la iniciativa frente a las altas expectativas inflacionarias.

Sin embargo, detrás de estas profecías se esconden deseos y protección de intereses. Se espera el fracaso del congelamiento porque históricamente ha sido la inflación el "enemigo" que servía como justificación para planes de ajuste, recortes de salarios y jubilaciones, y endeudamiento del país, una secuencia trágica que afortunadamente el actual proyecto político no está dispuesto a convalidar.

(*) Licenciado en Comercio Internacional. Integrante del GEENaP

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