En defensa de lo evidente

La legisladora del PRO asegura que fueron "las terribles circunstancias de opresión contra la prensa" las que llevó al jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires a firmar el decreto duramente criticado por el kirchnerismo.

Escribe Gabriela Seijo (*)

La libertad de expresión y opinión es un derecho irrevocable claramente expresado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por eso, es muy curioso, sintomático, terrible, que se esté cuestionando hoy, en este país, una norma que garantiza la protección de este Derecho tan fundamental, luego de todo lo que nos pasó a los argentinos. La norma propuesta por Mauricio Macri está basada en la Constitución Nacional, en la Constitución porteña y en Pacto de San José de Costa Rica.

Es inaudito que muchos se rasguen las vestiduras contra esta decisión del Jefe de Gobierno, cuando se habla de un aspecto tan fundamental para la democracia como lo es la libertad de prensa. Y mucho más dramáticos resultan estos pataleos por parte de los dirigentes cuyo partido se ha autoerigido y definido "defensor" de los juicios a aquellos que sometieron, torturaron y desaparecieron a todo aquel que abogara por la libertad de expresión.

Hoy, las terribles circunstancias de opresión contra la prensa nos convocan a apoyar la iniciativa más moderna y progresista de los últimos años y que lleva como bandera una consigna que no tiene color alguno, porque nos reúne a todos, porque nos contempla a todos los ciudadanos: "No hay democracia sin libertad de expresión, ni libertad de expresión sin libertad de prensa".

Hace unos 170 años, Karl Marx defendió, con su característica pasión y lucidez, la libertad de prensa. En ese entonces, Marx escribió que la libertad de prensa es una belleza que es necesario haber amado para poder defenderla. "Lo que uno verdaderamente ama es aquello cuya existencia se reputa necesaria, como algo sin lo cual siente uno su propia existencia frustrada, insatisfecha, incompleta. La prensa libre es el ojo siempre vigilante del espíritu del pueblo, la confianza materializada de un pueblo en sí mismo, el nexo expresado en palabras que une al individuo con el Estado y con el mundo, la cultura incorporada que esclarece las luchas materiales como luchas espirituales e idealiza su tosca forma material". Marx condenó, calificándolos de "altaneros y burócratas", a quienes rechazan la libertad de prensa.

Seguramente ni Marx, ni muchos otros filósofos imaginaron que 170 años después íbamos a seguir debatiendo acerca de la conveniencia de la libertad de prensa. Así como seguramente no imaginaron que los burócratras mantendrían el desamor a la libertad de expresión y que bajo la falsa afirmación de "luchar contra monopolios de medios para ampliar la pluralidad de voces" no harían más que otorgar licencias a medios políticamente afines a ellos creando sus propios monopolios y nuevos aparatos de propaganda.

La iniciativa del Jefe de Gobierno protege el derecho a la diversidad en la información, la pluralidad ideológica y política. Son 26 artículos claros que desafían la mirada sobre el futuro de nuestra Patria. Fue concebida para garantizar nuestra libertad de elegir, de mirar, de informarnos, de pensar y de decidir. La libertad de prensa no puede ser un capricho sujeto a las más irracionales especulaciones. Debe ser moneda común entre nosotros. No debemos permitirnos en pleno siglo XXI someternos a la vergüenza de siquiera poner en duda los instrumentos que permiten expresarnos con libertad.

No podemos concebir un país donde la expresión esté sesgada, donde no haya posibilidad de disentir, de debatir con el otro y de aprender de las reflexiones que el otro nos trae. Sin posibilidad de disidencia no hay crecimiento. Sin espacio para la crítica no hay capacidad de reflexión.

(*) Gabriela Seijo es legisladora de la Ciudad de Buenos Airtes por el PRO y vicepresidente de la Comisión de Comunicación Social

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