Interrogantes sobre el mercado de cambios

El economista Gustavo Perilli explica la volatilidad de los mercados cambiarios.

En el bienio 2011 y 2012, el mercado de cambios argentino sufrió sustanciales amenazas. Tanto los particulares como el Sector Público (SP), tuvieron responsabilidad porque participaron de una "contienda irracional" que aportó volatilidad que, incluso, rozó el mercado de créditos.

Mientras los primeros corrieron desesperadamente para atrapar todo dólar disponible en la plaza, sosteniendo que su propósito era protegerse de un Estado que malgasta recursos y se apropia ilegítimamente de la moneda norteamericana; las medidas del SP crearon "ruido" en las transacciones e introdujeron "fantasmas" en el sostenimiento de los equilibrios, quedando diluidas las virtudes reales y potenciales de sus propósitos.

El resultado: volatilidad cambiaria y pérdida de Reservas Internacionales y mercados que, en este contexto de una insensata tirantez, literalmente, "se petrificaron".  

En el informe del mercado de cambios de 2012, difundido por el Banco Central (BCRA) hace unos días, la confirmación de la existencia de este escenario de delicada estabilidad surge apenas comenzamos a visualizar las cifras oficiales.

¿Qué salta a primera vista? Sin lugar a dudas, el incremento anual del superávit del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) del orden de 480% en 2012 (o sea, la multiplicación casi por 6 del ingreso de divisas), explicado, básicamente, por el derrumbe del proceso de Formación de Activos Externos (FAE) del sector privado no financiero (empresas y familias), resultante, a su vez, del rígido control cambiario (el "cepo cambiario", como erróneamente se lo conoce).

Pese a ello, el BCRA sufrió otra pérdida de reservas internacionales (RI) que, sumada a la de 2011, alcanzó "la módica suma" de U$S 9.000 millones.

Ahora bien, ¿qué componente revirtió el resultado positivo del MULC y provocó este déficit de balance de pagos (BP) de 2012? Concretamente, las transferencias realizadas por el BCRA al Sector Público (SP) para que éste hiciera  frente a los compromisos anuales de capital e intereses en moneda extranjera (U$S 11.248 millones).

Así, el SP absorbió esos fondos para asegurarse el pago de deudas hecho que, claramente, alteró el humor social porque reforzó la idea de que los requerimientos del déficit provocaron el recorte de libertad individual para la adquisición de divisas.

En 2011, el significativo crecimiento de la FAE (responsable de una desintegración de U$S 21.500 millones), sin lugar a dudas ocasionó el desequilibrio. Indudablemente, la responsabilidad recayó en el Sector Privado porque el efecto fue ocasionado por las abruptas alteraciones y corridas, basadas en el advenimiento de una crisis semejante a la del bienio 2001/2002.

Ahora bien, ¿por qué razón la FAE quedó totalmente desarticulada en 2012? Básicamente, como ya se señaló, por el efecto contractivo de la política cambiaria (el cepo). Sin embargo, dado los vencimientos de 2012 y el racionamiento financiero externo que sufre el SP desde hace años, si la medida cambiaria no hubiese sido impuesta, la economía habría estado expuesta a episodios críticos con impensadas consecuencias: pérdidas de RI (y posible abandono del esquema de flotación intervenida) y/o un nuevo default del SP. ¿Es necesario hacer referencia a sus alcances? No. El deterioro social producido por la crisis de hace 11 años, se palpa a diario en las calles.

De todos modos, aunque la medida haya evitado "ese desenlace fatal", la misma sólo constituyó "una especie de remiendo" momentáneo. Una vez más, "el remiendo fue eficaz" pero, como ya todos sabemos, no deja de ser una solución transitoria. Más aún porque viola el precepto básico de la economía de mercado que hace referencia a la imposibilidad de controlar tipos de cambio y stock de RI, al mismo tiempo (uno de los dos debe utilizarse como herramienta).

Los recientes desequilibrios cambiarios nos advierten y, al mismo tiempo, transmiten enseñanzas y desafíos. Nos hace pensar que es imprescindible atemperar expectativas privadas e informar adecuadamente a la población procedimientos y logros obtenidos. Al tope de la agenda, debe estar el combate a la inflación sin el empleo de los históricos programas de shock.

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