Las nuevas y viejas recetas de ajuste del FMI


Escribe Daniel Rodríguez Paz (*)


En estos días dos noticias económicas provenientes de Europa, se relacionaron con el Fondo Monetario Internacional. Una de ellas tuvo gran repercusión en la prensa mundial.

Como casi todos habrán leído, luego de enumerar los motivos del fracaso de la política de ajuste aplicada por España siguiendo las propias políticas sugeridas por el organismo que preside; la señora Christine Lagarde dio a conocer las nuevas recomendaciones para reducir el 25% de desocupación que afecta al país ibérico.

Las principales son: bajar los salarios nominales un 10% en los próximos dos años, aumentar el IVA y disminuir los montos de los subsidios a las pensiones, a la educación y a la salud. De esta manera; según el FMI; mejorará la situación fiscal, aumentarán las exportaciones y disminuirán las importaciones del país lo que le permitirá a España crecer y; aunque el Fondo no lo dice; obtener los euros necesarios para pagar su deuda externa que pronto alcanzará un 106% de su PBI.

La otra noticia; menos difundida; es que el gobierno húngaro le informó al organismo que le pagará toda la deuda que mantiene con él y que cerrará sus oficinas en Budapest. Es decir, le dirá chau al FMI.

Aunque estas recomendaciones nos puedan parecer lejanas y una hipotética reducción de salarios en un 10% en Argentina nos suene hoy a ciencia ficción; hace apenas 10 años, en agosto de 2003; una misión del FMI, encabezada por el inglés John Dodsworth, se hacía presente en la Argentina apenas asumido el gobierno de Néstor Kirchner.

La deuda externa argentina alcanzaba el 150% de su PBI, y buena parte de ella estaba en situación de default desde diciembre de 2001. La desocupación era del 27% de la población económicamente activa.

No obstante, la Argentina había continuado pagándole religiosamente al FMI con quien debía renegociar unos 12.500 millones de dólares que se vencían en los próximos tres años. El sistema era conocido y rutinario: el gobierno se sometía a las recomendaciones del organismo y este le refinanciaba la deuda con más intereses y condicionalidades.

Los técnicos de Fondo, se quedaron varias semanas en Buenos Aires y de vez en cuando la prensa los mostraba en fotos ya sea  bajando del avión, entrando al ministerio de economía o paseando por la calle Florida.

Pero, ¿cuáles eran las "recomendaciones" del FMI en agosto de 2003?

Las principales eran las siguientes:

Aumentar las tarifas públicas, que habían quedado pesificadas desde la salida de la convertibilidad y "afectaban" a las empresas de servicios concesionadas en manos de grupos extranjeros.

Ejecutar las hipotecas, es decir, rematar las propiedades de los argentinos morosos, que no habían podido pagar sus cuotas hipotecarias con los bancos por la crisis del 2001. En el marco del drama social que se vivía, estas ejecuciones habían sido suspendidas por el Congreso y el FMI quería que el gobierno de Néstor Kirchner levante esa suspensión.

Subsidiar a los bancos; que estaban "afectados" por los amparos judiciales que obtenían algunos ahorristas afectados por el corralito o que habían depositado dólares y recibían pesos. Además de compensar a los bancos por la llamada pesificación asimétrica a la salida de la convertibilidad.

Incrementar el Superavit Fiscal, es decir aumentar el superávit público que era del 2,5 % al 4% del PBI, para que el estado pueda obtener más pesos con que comprar los dólares para pagarle a los acreedores externos, (entre ellos el propio FMI). Para ello era necesario eliminar algunos programas sociales.

Reestructurar la deuda en default. Es decir, acordar lo más rápidamente posible con los acreedores externos la normalización del pago de sus acreencias. Para ello la Argentina debía ajustarse y ahorrar a fin de honrar sus compromisos.

En definitiva; en agosto de 2003, el FMI estaba preocupado por los intereses de las empresas extranjeras que tenían las concesiones de los servicios públicos, los bancos y los acreedores externos. Néstor Kirchner no aceptó ninguna de sus recomendaciones.

Como se sabe, mucho ha variado en la relación entre nuestro país y el FMI. En diciembre de 2005, Argentina canceló toda su deuda con el organismo recuperando la soberanía de sus decisiones.

Pero; al juzgar por las recomendaciones a España de estos días; nada ha cambiado en la orientación del Fondo. Es que como lo expresó el Premio Nobel Joseph Stiglitz en su libro El malestar de la Globalización, "quizás el FMI no se haya transformado en el cobrador del G-7, pero claramente trabajó duro (aunque no siempre con éxito)  para lograr que los prestamistas del  G-7 cobren".

(*) Economista

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