Los costos por el stockeo de granos
Escribe Nicolás Hernan Zeolla (*)
A inicios de esta semana se anunció la suba del 8% al 10% del corte obligatorio de biodisel en el gasoil. La medida se toma en un contexto en donde las exportaciones de ese combustible vegetal disminuyeran un 38% producto de las restricciones impuestas por la Unión Europea contra nuestro país por supuesto "dumping".
Este nuevo corte en combustibles implicará en una mayor demanda interna para las plantas productoras de biodiesel que sustituye demanda interna y disminuye las necesidades de importaciones de gasoil.
Sin embargo, el punto controversial del anuncio fue el pedido del gobierno nacional de un mayor compromiso a los productores de soja, ante la sospecha de que aún existe una porción de la cosecha sin comercializar a la espera de realizar alguna ganancia especulativa.
Respecto a la sospecha de faltante, algunos números dan para pensar. Si analizamos las cantidades, según datos del Ministerio de Agricultura de la Nación, la producción de soja para la campaña 2012/2013 aumentó un 22,9% respecto a la campaña pasada. Respecto a los precios de los productos, disminuyó el precio de los aceites (-16,2%) y aumentaron levemente el precio de los granos (2%) y pellets (0,2%) en relación al año pasado. A su vez, los niveles de procesamiento de procesamiento de la industria aceitera se mantuvieron constantes.
Por ello, si las cantidades totales producidas aumentaron y los precios totales del complejo disminuyeron levemente, los valores (precios por cantidades) comercializados deberían haber aumentado. Sin embargo, al observar la liquidación de divisas del sector no se observa ninguna modificación.
Según consigna la cámara de procesadores y exportadores para el 2013 solo se observa un incremento del 2% de las divisas liquidadas, en relación al acumulado al mismo periodo del año pasado.
Entonces, neteando la caída en las ventas de trigo, en la diferencia entre el aumento de la producción de soja y el escaso aumento en la liquidación de divisas estaría implícito el faltante de alrededor de US$6,3 mil millones stockeado por los productores y/o cerealeras.
Sin embargo, el productor que especuló con un cambio en la política cambiaria y retuvo parte de la cosecha no hizo una buena inversión. Según el informe de precios futuros de granos del Mercado a Término de Buenos Aires (MTBA), el precio de una tonelada de soja para la próxima cosecha cotiza un 27% menos que en mayo de este año, y continúa disminuyendo, por las buenas perspectivas de producción para la próxima cosecha.
Esto significa que haber demorado la venta de la oleaginosa podría traer pérdidas al productor de entre un 27,3% a un 31,9%, debido a que el aumento en el tipo de cambio no llegará a compensar la baja en los precios del cultivo. En la comparación, cualquier otra inversión alternativa como puede ser un tradicional plazo fijo o la incorporación de un bien de uso a su capital, hubiese sido más muchísimo más rentable (ver cuadro al final).
El otro perjudicado por este comportamiento es el Estado, que dejaría de percibir un monto equivalente al señalado en ingresos por derechos de exportación y, sobre todo, por las divisas que financian las importaciones de la industria nacional.
Por ello, este parece ser un buen momento para pensar el compromiso de una porción de los productores agropecuarios respecto a los desafíos que tienen por delante la economía nacional. Hacia adelante deberían considerarse la implementación de herramientas que equiparen la rentabilidad del sector al del resto de la economía. De este modo, sustituir parte de la producción de soja y reorientar una porción del aparato agrícola nacional para la generación de alimentos baratos que preserven el poder adquisitivo del salario, incentivando el consumo y el crecimiento del mercado interno..
(*) Economista del Centro de Estudios Económicos y sociales (CESO)
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