Los formadores de precios

La tarjeta única para supermercados y las fabulosas ganancias bancarias por los costos del dinero plástico.


Escribe Nicolás Kusznir

En el transcurso de los últimos días, la agenda económica mediática centró su atención en los diversos trascendidos en torno a la posible creación de una tarjeta de crédito que operaría, en principio, con los súper e hipermercados más importantes.

Si bien no existe un anuncio oficial al respecto, resulta interesante destacar que la discusión generada en torno al tema ha permitido visibilizar actores económicos influyentes en el proceso de formación de precios en nuestro país, elemento habitualmente desconsiderado por algunos economistas del establishment, siempre más preocupados por el impacto político de sus pronósticos que por realizar un análisis integral que aborde adecuadamente la complejidad del problema.

Es que uno de los ejes principales de la discusión apuntó a los niveles de comisiones e intereses que cobran los bancos a los consumidores y empresas por el uso del plástico. Un reciente informe de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señaló que en el transcurso del año pasado el sector bancario obtuvo una renta de más de 21.000 millones de pesos vinculado al uso de las tarjetas de crédito (8.300 millones en concepto de intereses y 12.900 millones en ingresos por comisiones, reemisiones de tarjeta y renovaciones).

Más allá de los números del caso, se torna visible entonces la existencia de un sector que, por su carácter oligopólico, posee cierto poder de mercado y, por tanto, es influyente en la formación de costos financieros. No obstante, el sector bancario no es el único campo que evidencia altos niveles de concentración y en ese sentido, resulta interesante plantear algunas consideraciones generales.

Una de las herencias del proceso neoliberal, iniciado a "sangre y fuego" en 1976 y profundizado durante la década del 90, fue la concentración y extranjerización económica. La combinación de políticas privatistas y desreguladoras redujo la competencia entre empresas y, dependiendo de cada rubro, consolidó uno o dos jugadores hegemónicos en sectores clave de la economía.

La conformación de monopolios y oligopolios dota a las empresas de capacidad de formar precios y, de esta forma, sostener o incrementar sus márgenes de ganancias, en situación de privilegio.

Entender este proceso, en vinculación con la estructura productiva característica de nuestro país, resulta esencial para desentrañar la lógica detrás de la evolución reciente de los precios. Es en esta compleja realidad estructural en donde el Gobierno Nacional actúa insistentemente, para dotar al Estado de la capacidad institucional suficiente como para conducir lo mejor posible un proceso de desarrollo económico que priorice la inclusión social, lo que los privados por sí solos nunca podrían garantizar.

De esta forma, lejos de las recetas antiinflacionarias ortodoxas que varias veces se han aplicado a lo largo de nuestra historia, y cuyas consecuencias implicaron una situación de enorme penuria para las clases populares, la actual gestión nacional trata de combatir la nominalidad de la economía utilizando herramientas que ataquen las causas de la subas de precios, su propagación y que protejan el salario real de los trabajadores.

Entre ellas, podemos destacar la implementación de derechos de exportación (que atacan la causa primaria del aumento de precios) y las políticas de precios máximos y de ingresos (que reducen la propagación de la inflación y el impacto en el bolsillo de los trabajadores), en un marco más amplio de refortalecimiento de las capacidades estatales para intervenir más efectivamente en los distintos mercados concentrados.

Por ello, resulta tan importante visibilizar el rol que ocupa cada actor en nuestra realidad económica coyuntural para, de esta forma, lograr identificar las mejores políticas a adoptar y descartar definitivamente las recomendaciones de ajuste, tantas veces sugeridas por algunos analistas pese al enorme costo social que provocan y a lo extemporáneas que, afortunadamente, lucen ante nuestra realidad económica actual.


(*) Economista integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)

Temas

Dejá tu comentario