Los límites del chavismo
El es candidato a presidente del Frente de Izquierda y principal dirigente del Partido Obrero, Jorge Altamira, analiza la relevancia mundial del presidente Hugo Chávez, los límites del chavismo y la situación de Venezuela.
La muerte de Hugo Chávez ha provocado una conmoción popular en Venezuela, y también en la opinión pública internacional. El parto del chavismo se produjo a finales de febrero de 1989, cuando el ejército masacró una rebelión popular –el caracazo- contra el `ajustazo` del gobierno de Carlos Andrés Pérez. Tres años más tarde, desde las propias fuerzas armadas emergió una reacción contra esos represores, por parte de oficiales de menor rango conducidos por Hugo Chávez. En la conciencia del pueblo se alojó la idea de que podría contar a su favor con las armas del país.
El nacionalismo militar chavista entronca con la historia de su propio país y de toda América Latina. El caudillismo, que caracterizó a todos estos movimientos, refleja la escasa diferenciación social del movimiento de masas y el empeño de presentar al pueblo como un bloque unido por intereses exclusivamente nacionales. El chavismo chocó con el capital internacional y sus agentes internos para evitar la internacionalización de PDVSA, la empresa estatal de petróleo, a manos de las bolsas extranjeras. Esta crisis impulsó el golpe militar que volteó a Chávez, en abril de 2002, y el sabotaje petrolero a finales de ese año.
La derrota del golpe 'cívico-militar' convirtió a las fuerzas armadas en chavistas, lo que le dio un asiento sólido al arbitraje político de Chavez. Pero incluso en el momento más recio del sabotaje petrolero, la banca internacional no interrumpió el financiamiento a Venezuela, ni Chávez dejó de pagar la deuda externa. Las nacionalizaciones chavistas, generosamente indemnizadas –como ocurriera recientemente con el Banco Santander -carecieron de contenido anticapitalista, pues el Estado canjeó dinero fiscal por capital, y el capital se trocó por dinero privado.
El llamado "socialismo de siglo XXI" del chavismo es un reparto parcial de la riqueza social, no de transformación del capital en propiedad pública, ni del Estado en dirección colectiva de las masas. Venezuela no se transformó en país industrial; sigue siendo monoproductor de combustible. La redistribución de ingresos se hizo con la caja de PDVSA, que se encuentra muy endeudada. La crisis de PDVSA es la razón principal de la decisión reciente de devaluar el bolívar fuerte.
Al igual que otras experiencias nacionalistas, la de Venezuela ha fracasado en asegurar un desarrollo nacional autónomo. Esto no es posible en el estadio de declinación del capitalismo mundial. El chavismo ha combatido el desarrollo de un sindicalismo independiente: el Código de Trabajo impone el arbitraje obligatorio, y la facultad del Presidente para decidir la legalidad de cualquier huelga. Hay, por lo tanto, una estatización de los sindicatos.
Se ha insistido en el liderazgo continental de Chávez en los últimos años. Pero el operador fundamental de la política regional, desde las 'reformas' en Cuba a las negociaciones con las Farc o los acuerdos con Irán, no ha sido Chávez, sino Brasil-o sea, la Bolsa de San Pablo. No es casual que el Banco del Sur haya muerto a manos de los intereses del BNDES -el banco de desarrollo de Brasil. Hay que tomar nota de que Lula acaba de recomendarle a Maduro una 'parlamentarización del régimen', al tiempo que el ala conciliadora de la oposición antichavista reivindica a Lula. Odebrecht y Andrada Gutierrez tienen los principales contratos de obras públicas en Venezuela.
La muerte de Chávez crea, objetivamente, una crisis de régimen político, el del poder personal. Los sucesores deberán encontrar una salida alternativa. Sin la autoridad de Chávez, el nuevo gobierno deberá hacer frente a la desestabilización económica que crece y a devaluaciones aún mayores.
Se ha creado una situación nueva en América Latina. Aunque la izquierda ha sido marginal en todo este proceso, su gran desafío es pasar a ser la protagonista histórica principal
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