No sólo es una tormenta: hay fallas estratégicas
Escribe Hernán Aruj (*)
No son recursos los que faltan, sino la decisión política definida relativa a la forma de gestionar la Ciudad de Buenos Aires. La previsión específica para atender situaciones de este tipo provienen de hace casi 10 años, con el Fondo Anticíclico, que fue discontinuado.
La estrategia financiera es otra: la administración PRO argumenta la necesidad de más recursos, e incluye déficits fiscales en sus presupuestos. Por ejemplo, para 2011 el déficit fue de 2.132 millones de pesos, y para 2012 era estimado de 1.269 millones de pesos.
Podría pensarse que, en efecto, los recursos no alcanzan. Sin embargo, año tras año se observa una subejecución del presupuesto cercana al 30 %. Es decir, sólo un tercio de los recursos presupuestados fueron usados para su destino específico.
Por ejemplo durante 2011 el programa 31 -Desarrollo de la Infraestructura de la Red Pluvial- sólo utilizó el 35 % del gasto previsto, según denunciaron legisladores opositores. Y en el primer semestre de 2012 sólo se ejecutó el 2 % de lo estipulado para el año completo.
¿Cuál es la solución del macrismo? El aumento constante de los impuestos y tasas que abonan sus ciudadanos y al endeudamiento a través de instrumentos financieros.
En el caso del impuesto a los ingresos brutos, se registró un significativo crecimiento: 16.227 millones de pesos en 2011 y 18.925 el año pasado.
La mejora en los ingresos fiscales fue contundente: por alumbrado, barrido y limpieza (ABL) de 2007 a 2012 fue del 650 %, y por el impuesto de sellos, del 400 %. En ambos casos se incrementaron las alícuotas.
Los aumentos tarifarios extraen parte de los mejores ingresos que la población recibe debido a la existencia de un modelo nacional de crecimiento productivo con inclusión social. Y socavan la mejora del salario indirecto que representan los subsidios a los servicios públicos (agua, luz, gas).
Al mismo ritmo que los impuestos y tasas, la Ciudad registra aumentos de su deuda pública. Si en 2007 el total ascendía a 1.800 millones de pesos, en octubre de 2012 alcanzó los 6.400 millones, un 355 % más.
Si hace seis años la deuda estaba colocada en moneda extranjera en un 60 %, el año pasado ya había alcanzado un 90%; el 57% de la nueva deuda tiene como destino el afrontamiento de obligaciones de corto plazo, mientras que el 43% se destina a la ampliación de infraestructura.
El instrumento elegido fue el llamado Bono Tango, cuya última colocación data de 2012. Es el mismo que en 2010 pagó una tasa del 12 %, y como no había obras a las cuales destinarlo, se depositó a una tasa 6 puntos menor durante varios meses.
Concluyendo, tenemos un panorama de una gestión cuyos ingresos aumentan como consecuencia del crecimiento económico y los propios incrementos de tarifas; esos recursos no se utilizan para lo que fueron prestados, y se incrementa la deuda pública.
Cuando acontecen hechos que desnudan las prioridades estratégicas del macrismo, no queda más que pensar en una verdadera mala praxis gubernamental a la que se somete a la capital del país, donde endeudamiento externo, tarifazos y regresividad tributaria son todavía una muestra de neoliberalismo en un país que, elección tras elección, demuestra darle la espalda.
(*) Economista integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
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