La diputada nacional analiza los cambios de Gabinete a la luz de la interna del peronismo y la derrota electoral que sufrió el kirchnerismo en las Legislativas de octubre pasado.
Escribe Patricia Bullrich (*)
CFK perdió las elecciones en la provincia de Buenos Aires contra un núcleo de intendentes de sus propias filas a quienes favoreció durante una década con un objetivo: impedir que el dinero lo manejara el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y retacear poder a los gobernadores de todo el país.
Quizás la experiencia de haber sido gobernador, en el caso de Néstor Kirchner, y desde allí haber armado un poder fuerte de presión desde la "Liga de Gobernadores", le enseñó a los Kirchner que para concentrar poder y decisión de acuerdo a una concepción verticalista no era bueno permitir el armado de un ámbito de competencia territorial e institucional.
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Por ello intentaron, por un lado una negociación individual, uno por uno, y por el otro introdujeron presión "de abajo"' y construyeron con los intendentes, a quienes se les entregó, de manera directa un poder que siempre había sido mediado por los Gobernadores. Néstor Kirchner había sabido aprovechar las relaciones intragobernadores para obtener muchos recursos del poder central. Así negoció las regalías petroleras entre otras fuentes autónomas de dinero. Sabía, por experiencia propia, que de repetirse con ellos en la presidencia esa relación, lo obligaba a compartir el poder. Por eso el esquema fue el de relacionarse de a uno a nivel de gobernadores y presionarlos por abajo con los intendentes.
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Es difícil de comprender por qué la Presidente pensó que estos intendentes iban a tener una conducta distinta a los Gobernadores, a quienes eligió, o no darle dinero para que no acumulara poder, como en el caso de Scioli, o negociar de a uno para que no se construyera un " partido de los gobernadores" como sucedió en tantas oportunidades en nuestra historia.
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Mientras condicionó, al gobierno provincial y busco una negociación deshilachada con el resto de los gobernadores, alimentó su propia derrota en manos de quienes utilizaron ese dinero para construir para ellos y no para el Príncipe. Los intendentes surgieron como un poder que pudo utilizar las dádivas del poder central, sin que el panoptico controlador cayera tanto sobre sus gestiones.
Maquiavelo señalaba que un príncipe debe estar muy atento a no aliarse nunca a alguien que pueda luego utilizar ese poder, para vencer a otro, porque si vence queda a su merced, así lo hizo Néstor Kirchner con Duhalde y así, ahora CFK probó de su propia medicina: para vencer a un "enemigo" alimentó en las sombras a otro.
Así debilitó el poder territorial de gobernadores e intendentes armando colectoras y dándole poder a sus hijos pródigos de la generación nucleada en La Cámpora.
Hoy el recambio de gabinete se ordena a partir de un gobernador, pragmático, que supo ser funcionario del peronismo en todas sus vertientes, con Menem, con Duhalde y con Kirchner.
Resta decir que al final del camino, el resultado es: rebelión de los intendentes a los que nutrió con poder y dinero y entrega de poder a quienes desconocieron como poder autónomo durante la década.
Muchos soldados de Cristina al exilio, ya que eso significa una Embajada para un político: Abal Medina y Moreno lo están padeciendo.
Queda una bala de la apuesta kirchnerista que es Kicillof.
Lo demás es volver a un esquema tradicional: ¿que diferencias de modelo de gestión puede haber entre Alberto Fernández, Sergio Massa y Jorge Capitanich, los tres transitaron el peronismo en la ubicación que estuviese, tanto en su vertiente liberal como en su vertiente chavista. La pérdida de funcionarios "propios" es una muestra de la pérdida de poder del gobierno. Y para este gobierno, para el que el poder ha sido la obsesión, es un grave retroceso en su sueño del "vamos por todo"
Es una muestra más de la realidad de crisis del "modelo". Esta vez donde más duele: en el poder.
(*) Patricia Bullrich es diputada nacional y presidente del bloque Unión por Todos
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