Reafirmación y profundización del proyecto
El diputado nacional por Nuevo Encuentro celebra los cambios en el Gabinete a los que interpreta como una señal más de la profundizacion del modelo inaugurado en mayo de 2003.
No obstante, con la misma claridad que admito esto, es necesario decir que los resultados electorales del 27 de octubre no modificaron estructuralmente el escenario político de la Argentina. El gobierno nacional sigue siendo el principal -por no decir el único- núcleo de irradiación política del país, y como tal ocupa el centro del escenario nacional. Y no se vislumbra la aparición de ningún otro actor capaz de relevar al gobierno nacional de esa centralidad. Hasta podría decirse que el fallo de la Corte Suprema que 48 hs después confirmó la constitucionalidad de la Ley de Medios, produjo un impacto superior sobre la escena política, por cuanto gravita sobre la propia ecuación de poder real mucho más que las propias elecciones.
En cuanto a los ministros, la designación de Carlos Casamiquela en el Ministerio de Agricultura, también implica la reafirmación del proyecto, en una de sus aristas fundamentales. Allí donde durante décadas habían estado presentes los intereses de las grandes corporaciones agropecuarias como expresión del país exportador de productos primarios, se puso al frente a un defensor de la tecnología estatal.
Y en cuanto a la designación de Axel Kicillof, constituye una señal inapelable de claridad en el rumbo. Un rasgo de la economía argentina es que cuando atraviesa un ciclo de estancamiento, eclosiona haciendo crisis en su sector externo. Y cuando, como en el presente, sostiene una etapa prolongada de crecimiento, también es en el sector externo donde aparecen los llamados de atención, y por lo tanto, donde se requiere la toma de decisiones.
Nuestro país viene de una década de fuerte recuperación económica de su industria y de los niveles de empleo. No obstante ello, conservamos un alto nivel de concentración y propiedad extranjera de nuestra matriz productiva, sumado al desbarajuste energético proveniente de las privatizaciones de los años '90. Por eso, cada punto de crecimiento de nuestra economía demanda importar energía, así como insumos industriales y bienes de capital, las dos mayores causas de la salida de divisas. La actual preocupación por la obtención de divisas deviene, paradójicamente, de un proceso virtuoso: el fuerte crecimiento.
Por su parte, el desendeudamiento externo sostenido por el trípode negativa al ALCA/canje de la deuda privada/pago total de los saldos al FMI, es lo que ha liberado reservas del peso de la deuda, y nos permite atender sin mayores sobresaltos a esa importación de energía y bienes de capital. Sin sobresaltos, pero poniendo atención.
Axel Kicillof ha demostrado con creces estar comprometido con esos dos ejes de política económica. Con el autoabastecimiento de hidrocarburos a través de su gestión como subinterventor de YPF hasta la asunción de su nuevo presidente, y como uno de los soportes del proceso de sustitución de importaciones. Y por el perfil de sus colaboradores, se trasluce homogeneidad en las distintas áreas de política económica, siempre en el marco de la profundización del rumbo elegido: control de divisas, administración del tipo de cambio, emisión, precios, subsidios, protección de la industria, estímulo de la inversión de capitales nacionales, aumento del empleo formal, están ahora bajo la impronta de un ministro de economía de más alto perfil.
Esto no hace otra cosa que brindar previsibilidad a los distintos actores, más allá de que coincidan o no con la filosofía del proyecto. Por los primeros signos emitidos, parece advertirse que los próximos dos años de nuestra presidente Cristina Fernández de Kirchner transitarán por un andarivel de diálogo y convocatoria, sin que esto signifique torcer un ápice la concepción central del rumbo político, económico y social, dirigido a un país de iguales e industrialmente desarrollado.
(*) Carlos Raimundi es diputado nacional por el Frente Nuevo Encuentro
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