Nunca Más
Los integrantes de la CONADEP fueron Ernesto Sábato, René Favaloro, Ricardo Colombres, Carlos Gattinoti, Hilario Fernández Long, Gregorio Klimovsky, Marshall Meyer, Jaime de Nevares, Eduardo Rabossi, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, Santiago M. López, Hugo Diógenes Piucill y Horacio H. Huarte.
Vale, a modo de homenaje, recordar el discurso de Ernesto Sábato el día que en nombre de toda la Comisión entregó el informe de la CONADEP al Presidente Raúl Alfonsín: "Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces institucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo, para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimiento y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.
(...)
Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado la enseñanza de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esos amigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores".
A treinta años de su conformación, cuando todavía se perpetúan los efectos del terrorismo de Estado y se juzga en los tribunales a los que idearon esa maquinaria de muerte, es obligación del Senado deponer las mezquindades políticas para honrar a esos argentinos que venciendo su propio dolor y temor abrieron para todos los argentinos las sendas de la verdad y la justicia.
(*) Norma Morandini es senadora de la Nación por la Alianza Frente Cívico de Córdoba
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