En 2009, las siete mujeres abusadas respiraron aliviadas cuando escucharon que su violador había sido sentenciado a 40 años de cárcel. Hoy, cuatro años más tarde, ya no están tranquilas. Es que Walter Brawton, el violador serial del Oeste, escapó. Y lo que es peor, no se fugó desde la cárcel donde cumplía la pena, sino que lo hizo en una salida especial a un domicilio de Mariano Acosta, Merlo.
Todavía no se sabe si se trató de una salida transitoria o de un permiso especial, y, de ser así, quién se lo dio, y por qué. Pero lo concreto es que Brawton escapó, y nada se sabe de él. Ahora se investiga incluso si, para fugar, durmió con un sedante al guardia penitenciario que lo acompañaba.
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Escandaloso por donde se lo mire.
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Brawton cometió sus ataques sexuales siempre con la misma metodología. Iba con su auto por las calles de la zona oeste del GBA y, con la excusa de preguntar por un destino, se arrimaba a mujeres, las amenazaba con un arma y las violaba en descampados.
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La detención, en marzo de 2005, fue posible porque su última víctima se resistió, y logró escapar, al tiempo que recordó la patente del auto del atacante.
Por la fuga, las autoridades de la Unidad Penal de Ituzaingó fueron desafectadas.
De mínima, se investiga una hipótesis culposa, es decir que Brawton escapó por la negligencia de sus guardianes.
De máxima, se investiga la peor sospecha: que a Brawton lo ayudaron a fugar.
Sea de una forma o de otra, lo que pasó es gravísimo, y eso nadie lo discute, menos que menos, sus víctimas.
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