Hace poco nos volvieron a aparecer imágenes similares a la de la crisis del Diciembre de 2001, con robos y destrozos que se emitían por distintos medios de comunicación. Fue hace aproximadamente un mes donde se repetían hechos delictivos en distintas provincias de nuestro país. Era una mezcla entre miedo y rabia, el primero porque nos suceda algo y el segundo porque se desvanecían sueños y esfuerzos de años de pequeños comerciantes provocados por vándalos y no por gente con necesidades de alimentación. Me tome el trabajo de revisar varias veces las notas periodísticas y no vi a ninguno que se llevara una pala o una caretilla en cambio se llevaban LCD´s y ropa deportiva de reconocido nombre.
El origen de los saqueos se debió a un reclamo legítimo de las fuerzas armadas provinciales. No comparto la manera de canalizar la protesta, dejando al libre albedrío la seguridad de los ciudadanos. Esta de más decir que un sueldo básico de aproximadamente 2.000 pesos mensuales, más algunos adicionales y bonificaciones en negro, no sean dignos ni para estos empleados ni para el resto de los integrantes del estado.
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Sufrir cortes de luz periódicos, incluso por periodo de varios días, parece acercarse más a la década perdida de los años 80 que a la década ganada que profesan algunos fervientes oficialistas. El modelo, basado en consumo y subsidios, permitió que contemos con aire acondicionado hasta en el baño debido a la gran cantidad de cuotas que nos permiten las tarjetas de crédito. Lo anecdótico del resultado, es que podemos tener más de un equipo de aire acondicionado por ambiente pero no vamos a tener electricidad para poder hacerlo funcionar.
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La cantidad indiscriminada y mal dirigida de subsidios, genero una distorsión de precios relativamente alta, donde muchas veces cuesta más caro una cena en un restaurante que una factura bimestral de electricidad. El subsidio compensa el precio de mercado que debería afrontar el vecino. La mayoría de los países del mundo subsidia los servicios públicos, principalmente a los mas necesitados, pero este no es el problema no se discute sino que el rechazo generalizado de la población se da por el nulo control del estado para supervisar el fin de los millonarios subsidios otorgados por todos.
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Para colmo de males, la temporada de verano también vino con incrementos. Si se opta por alguno de los puntos de los extensos 1200 kilómetros de costa atlántica bonaerense, se encontrará con un incremento respecto al año pasado. Por un lado, el incremento del 25% a causa del impuesto inflacionario y por el otro lado, el fuerte incremento en la demanda por bienes y servicios de muchos argentinos que optaron por volver a elegir el turismo interno por una medida del gobierno que fue el incremento en el impuesto de un 35% a las compras con tarjeta de crédito en el exterior.
Paradójico resulta ser que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Se volvió a insistir con el acuerdo de precios, en esta oportunidad con solo 187 productos. En nuestra economía se cuenta con alrededor de 10.000 productos. Entonces, la baja representatividad de los productos en este acuerdo refleja la impericia de quienes hacen la política económica bastante lejos del común de los mortales. Algún iluminado del gobierno de turno podría incluir en el trunco acuerdo de precios, ¨ congelar ¨ el precio de un departamento dos ambientes en Mar del Plata.
Ya entrando en el 2014 y palpitando el mundial de fútbol en Brasil, tenemos la antesala del dólar ¨ Messi ¨, donde el precio del dólar paralelo alcanzó los diez pesos. Este no es más que otro síntoma sobre la desconfianza en la moneda local, a razón de una pérdida del valor en promedio de un 30% donde la gente se refugia en el billete verde. Es más, dado ciertos síntomas la gente guarda el dinero y no lo gasta, generando una baja en la actividad económica.
Estos hechos ocurrieron en el lapso de un mes, nada más ni nada menos. Lamentablemente se torna imprevisible la Argentina y eso perjudica las condiciones necesarias para favorecer el ahorro y la inversión que tanto hacen para lograr el crecimiento necesario para el desarrollo del país.
Nunca es tarde para reconocer la inflación. Una vez reconocido el problema, tendremos la mitad del problema resuelto. Tomando este tipo de actitudes permitirán evitar los conflictos actuales y aquellos que vendrán, para poder concentrar nuestras energías en trabajar por y para el país.
Los tiempos de los festejos de fin de año siempre son buenos momentos para reflexionar sobre lo propuesto, lo realizado y lo que se hará. Esperemos que quienes manejan los destinos de nuestro país, puedan tomar estas palabras de un humilde ciudadano.
(*) Economista UNLP y Master en Finanzas UCEMA, Consultor en temas de economía y financiamiento para PYMES, docente UNLP, UAA y UTN
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